lunes, 5 de abril de 2010

LAS DIABLAS BUROCRÁTICAS por Guillermo Fariñas Hernández.

La Chirusa, Santa Clara, Villa Clara, 11 de enero del 2010 (FCP). Cual fenómeno social el meretricio en Cuba, a partir de 1959 del pasado Siglo XX, adoptó características muy sui generis. Una de ellas fue y todavía es, su subordinación al nuevo poder que tomó las riendas de la nación, por la nimiedad de 51 años.

Los estudiosos de la prostitución desde las más antiguas épocas de la civilización humana, tienen bien claro, que el ejercicio de esta antiquísima profesión posee en la mayoría de los contexto un carácter meramente mercantil. O sea, el intercambio sexual se produce por una taza fija o variable de dinero constante y sonante.

Sin embargo, ciertas sociedades muy atípicas como la nacional, donde el poder adquisitivo del dinero, a veces, no lo puede comprar todo, lo que incluye una buena fornicada. Debido a que, por su carácter discriminatorio y elitista en lo político-ideológico, las relaciones entre los ciudadanos y sus gobernantes son demasiado estrictas.

El modelo social construido en el archipiélago antillano, se proclama públicamente como un sistema comunista con especificidades de un país de América Latina. Donde se mantienen un alto nivel de caudillismo, culto a la personalidad, personalismo e improvisación estatal localizada en cualquiera de las bananeras naciones latinoamericanas.

Aquí, en este estrecho y largo islote denominado geográficamente "La Mayor de las Antillas", la posesión de altas sumas de billetes es algo importante para mantener un alto nivel adquisitivo. Pero, más allá de ser poseedor o no de elevadas cifras de dinero, lo esencial es la correlación positiva con aquellos que detentan el poder.

Las féminas cubanas han entendido en algo más de media centuria, que ellas pueden ejercer una modalidad de prostitución peculiar. En la cual, no precisamente se intercambia dinero por los placeres carnales habituales, la manera de actuar de estas compatriotas, sin lugar a dudas, constituye todo un aporte al ejercicio del denominado "oficio más antiguo del mundo".

Es un meretricio para obtener los beneficios materiales, que proporciona el Poder Ejecutivo de cualquier Estado. Y si se tiene en cuenta, que el poder en el castrismo ostenta una forma absoluta de poderío político, entonces estas peculiares prostitutas se transforman en auténticos mandos tras las bambalinas del absolutismo cubano.

Ellas buscan un blanco masculino que tenga algún tipo de autoridad o por lo menos esté cercano a esta. Después de determinar esto, las mismas desarrollan sus habilidades para coquetear y conquistar afectivamente a su objetivo. Los cuales son generalmente cándidos y fáciles, porque sus conciencias críticas están obnubiladas por el machismo social.

Al pasar a ser pareja carnal de un miembro de la nomenclatura fidelista se reciben prebendas materiales insospechadas. Estas concesiones pueden ir, desde un automóvil de fabricación rusa marca LADA- 2107 hasta una bien equipada casa en una de las 11 barriadas exclusivas o "congeladas" de La Habana.

Todo esto puede empezar para las primerizas por sorpresivos viajes a restringidos cotos de caza, isla de ensueño dentro del país y hoteles exclusivos para altos dirigentes castristas. Otra de las modalidades, son las huidas en avión o yates a los exclusivos balnearios mexicanos de Cancún o Conzumel e incluso viajes por la civilizada Europa.

Se hace importante destacar, que durante estos intercambios de flujos sexuales el dinero no juega un rol primordial en los intereses de la meretriz escogida. Para este grupo social privilegiado por los gobernantes o los familiares cercanos de estos, lo realmente determinante son las raciones de dádivas a ellas otorgadas a modo de gangas.

Por las características del sistema de poder totalitario cubano, donde se asegura públicamente que todos los revolucionarios son iguales y se rechazan los privilegios de cualquier tipo, estos obsequios deben tener justificaciones plausibles. De ahí surge el burocratismo intrínseco, para argumentar las licencias a estas prostitutas del castrismo, que las hace unas diablas burocráticas.

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