lunes, 5 de abril de 2010

LOS TRANVÍAS EN CUBA por Rafael Pérez González.

Parroquia, Santa Cara, Villa Cara, 11 de febrero de 2009, (FCP). Una soleada mañana, del domingo 1 de junio de 1862, el Capitán General Don Francisco Domínguez, Duque de la Torre, inauguró solemnemente el servicio público "Ferrocarril Urbano de La Habana", el cual uniría para siempre a los "caseríos" aledaños del Cerro, Jesús del Monte y Carmelo, ubicado este último en el lujoso barrio del Vedado.
En esa primera etapa, esos vehículos fueron movidos por fuerza animal. Eran conducidos por tres caballos, dos en barra y uno como guía, lo que desapareció a inicios del siglo XX, con el advenimiento de la República, al surgir el transporte de tranvías eléctricos pertenecientes a The Havana Electric Railway Company.
Esta corporación norteamericana, en 1913, devino en The Havana Electric Railway, Light and Power Company. Los "carritos" como todos los habaneros los llamaban eran de dos clases: Primera y Tercera, que se turnaban en el servicio y el precio oscilaba entre 20 y 30 centavos el billete. Sin embargo, los tranvías de primera clase eclipsaron pronto debido a su carestía.
Esto, debido a la competencia de un empresario de guaguas, que estableció el servicio por tramos a 10 centavos y el viaje directo a 15. Esos primeros "artefactos móviles" eran conducidos por un cochero, que llevaba en su plataforma un banquillo alto, en el cual se sentaba cuando el "carrito" descendía pendientes, donde el caballo no necesitaba castigo para ir a paso vivo.
Aquellos conductores y aurigas, conocidos por sus nombres, por el público cotidiano, usaban gorras de plato de piqué blanco, con visera plana o de concha de carey y un látigo para animar a las bestias. Los animales se adornaban con sonoros cascabeles, cuyo tintinear se escuchaba a larga distancia. Las personas, entre tanto, subían y descendían al vehículo por la parte posterior.
Los "cocheros", del Transporte Urbano que explotó en todos los tiempos unos 56 kilómetros de vías férreas con apenas unos 50 vehículos, no llegaban a una treintena. Sus caballerizas y corrales se mantenían siempre para el uso diario, sobre los 300 caballos aproximadamente.
El ramal del Vedado, posterior al de La Habana, se movía a vapor y se formaban trenes de dos o tres carros arrastrados por locomotoras. Curioso para esa época, era que el último tranvía salía a las 10:30 PM. Era conocido por el "carrito de las campanillas o de los novios", en él regresaban a La Habana, aquellos cuyas novias residían en los barrios de Jesús del Monte y Carlos III.
Cuenta Roig de Leuhsenring, que: "al comprar, en 1901, un sindicato americano, los tranvías y ferrocarriles suburbanos, recibiendo al efecto del Gobierno una licencia para reconstruir y electrificar las líneas existentes y construir nuevas, el tranvía fue acogido por el pueblo con cierta hostilidad, que pronto se convirtió en burla y choteo criollo, hasta su aceptación definitiva".
Los accidentes, que se sucedían con frecuencia, dieron motivo para que los carros eléctricos fueran bautizados por la población con el mote de: "funerarias eléctricas" y por sus dos antenas o troles se les denominó: "la langosta". El primer tranvía eléctrico de la capital, construido en los Estados Unidos circuló, el 22 de marzo de 1901, hasta el elitista barrio del Vedado.
De forma gradual se instalaron líneas, a través de toda la urbe, hasta llegar a sobrepasar el término municipal de la ciudad de La Habana. Este servicio de pasajeros por tranvías se empleó también en Matanzas, Cienfuegos, Camaguey y Santiago de Cuba (inaugurado en 1907 y retirado en 1951). En Camaguey y Santiago pertenecieron a la The Havana Railway Co.
En Matanzas fue propiedad de la Compañía de Tranvías de Matanzas S.A. y en Cienfuegos de la Cienfuegos-Palmira-Cruces. En los primeros tiempos, del tranvía eléctrico en la capital, solamente se mantuvieron cuatro líneas dobles, que partían de las terminales del Vedado, Cerro, Jesús del Monte y Príncipe e iban a San Juan de Dios y al Muelle de Luz,
Así formaban ocho líneas, que con posterioridad se ampliaron hasta las calles San Lázaro, Galiano, 23 y J, Ángeles, Florida, Vives y Belascoaín, entre otras. Al iniciarse el auge del servicio de pasajeros por el sistema de ómnibus motorizados, principalmente a mediados de la década del 30, trajo consigo la decadencia y declive de los tranvías.
Las conocidas "guaguas" hicieron declinar, hasta hacer desaparecer, ese memorable e histórico medio de transporte. En horas de la madruga, del martes 29 de abril de 1952, hizo su postrer viaje el tranvía número 388 de la línea "Príncipe-Avenida del Puerto", último carro que circuló por las calles de la Ciudad de La Habana.
Faltaron sólo 32 días para que los tranvías arribarán a los 90 años de establecidos. No obstante hoy en día, con el desarrollo, otros vehículos más eficientes corren por nuestras ciudades. No necesitan vías férreas como aquellos, ni tampoco de tres caballos, no contaminan el ambiente y pueden transitar casi por cualquier calle asfaltada o no: "los nuevos… carretones de caballo".

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