jueves, 3 de septiembre de 2009

EPÍSTOLA DE LA REDACCIÓN, No: 16


Hace solo 48 horas, comenzó el nuevo curso escolar para todos los niveles de la enseñaza en Cuba. Los medios de difusión masiva dependientes del régimen totalitario, han orquestado una gran campaña triunfalista con respecto a los logros del publicitado Sistema Nacional de Educación cubano, tocante a este solo se difunden sus bondades.

Bajo ningún concepto los agoreros del castrismo han sido capaces de reconocer a través de la prensa las pasadas y presentes dificultades materiales y espirituales, a que se enfrentan tanto los alumnos como sus profesores. Es lógico, pues de hacerlo así, entonces tendrían que aceptar que la educación en esta isla es un verdadero desastre.

Un cambio radical se ha implementado este curso lectivo 2009-2010, ello se debe a el traslado de la inmensa mayoría de las escuelas internas hacía las ciudades y poblados. Según información dada por directivos del Ministerio de Educación, cerca de 280 000 alumnos de secundarias básicas e institutos preuniversitario en el campo estudiaran en zona urbanas.

La instrucción de los jóvenes siempre ha resultado un blanco de marcado interés para los ideólogos, de este sui generis marxismo-leninismo que se ha querido construir en esta república del mar Caribe. Ya que es el escenario perfecto para inculcar las ideas y conductas intolerantes sin las que no puede subsistir el Socialismo de Estado.

El hecho que la nueva administración política encabezada por Raúl Castro Ruz, quien es asesorado desde muy cerca por su convaleciente y enfermo hermano Fidel, es toda una victoria para la familia cubana actual. Si escrutamos los antecedentes históricos del proceso revolucionario comandado por ambos, veremos que se han visto obligados a retroceder.

Un traído por los pelos método Estudio-Trabajo, donde se utilizó y manipuló hasta a la figura del Apóstol Nacional José Martí y Pérez, resultó el pretexto para desarraigar al núcleo familiar cubano. Se creó el Sistema Nacional de Becas por parte del gobierno comunista, cual eficaz modo de sacar a la juventud de la influencia de sus consanguíneos más cercanos.

Con esto también se perseguía separar a los imberbes futuros ciudadanos de la influencia de sus parroquias e iglesias cristianas de cualquier denominación. Cuyo objetivo era implantar el más rancio de los ateismos, debido a que las crueldades propias de la edificación del socialismo solo se pueden implementar con personas no temerosas de Dios.

Ya con los jóvenes fuera de sus respectivas familias, entonces la tarea del aleccionamiento comunista se convertía en un asunto más fácil para los maestros y profesores. Porque se creaban mecanismos de dependencia y presión psico-ideológica bajo disímiles denominaciones, como fueron la Unión de Pioneros de Cuba (UPC), Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM) o Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

Que ahora los totalitarios de siempre consideren los planteles escolares con regímenes internos como algo obsoleto, nunca se deberá a la buena fe de los fidelistas de turno. Algo muy perjudicial les acarreará a corto o mediano plazo y por eso tratan de lavarse las manos ante el cúmulo de problemas surgidos en estos planteles.

Esa convivencia entre alumnos de ambos sexos acarreó una promiscuidad sexual alarmante entre adolescentes. Además trajo el inquietante aumento de fenómenos sociales al seno de los colectivos escolares, como son el fraude académico, la compra del profesorado, inasistencia a clases y hasta casos de prostitución.

Si realmente de buena fe los que gobiernan en Cuba, desean rectificar lo mal hecho, durante casi 50 años, de una educación atea e intolerante. Ellos deben en primer lugar proporcionarles salarios dignos a quines ejercen el magisterio, a su vez, crearles condiciones materiales para que sean poseedores de viviendas dignas, para que se arraigue la vocación de enseñar.

Así mismo, deben crear ventanas para nuevas libertades políticas, económicas y sociales en la clausurada sociedad cubana actual. Es la única manera de que tanto educadores como educandos entiendan que enseñar o recibir clases, es algo fructífero y con perspectivas de poder trabajar para tener un futuro mejor.


FDC.

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