jueves, 28 de mayo de 2009

¿ESTÍMULO? Clara Pérez Gómez.


Camajuaní, Villa Clara, 28 de mayo del 2009 (FDC). La Central de Trabajadores de Cuba (CTC), cada cierto tiempo decide estimular a obreros, que a opinión de sus colegas son sobresalientes en su labor. Esta estrategia consiste en oportunidades de adquirir objetos domésticos de valor, con facilidad de pago. Estos siempre ocasionan riñas entre los solicitantes.

En el año 2005 fueron ofertados permisos de fabricación en viviendas, para que los merecedores de esta condición vivieran con decoro. Esperanza para aquellos que a pesar de no tener techo seguro se mantenían firmes en sus puestos de trabajo, claro con salario mínimo equivalente a 9 dólares.

Los seleccionados tendrían derecho a crédito bancario, destinado a la compra de terrenos y materiales de construcción. Estos últimos serian depositados en lugares adecuados para que su carga y transportación no hicieran mella en sus bolsillos, al no estar incluidas en el préstamo monetario.

Debían ser terminadas estas casas en el plazo de un año, tiempo que duraba la Licencia de Trabajo con Salario y Permiso de Construcción. Había que hacerse cargo de la mano de obra, pagar albañiles particulares y de no terminar en el tiempo permitido, se le retiraban las concesiones antes expuestas.

Llegaron los trámites para poner en orden toda la documentación, mientras se esperaba por las parcelas de tierra que todavía el gobierno no tenias designadas. Cada gestión se extendía dos meses y la ubicación seguía sin aparecer, si la encontraban por cuenta propia tenían que esperar un autorizo.

Sellos Timbrados valorados en cinco y diez pesos, préstamos del proyecto original por el Arquitecto de la Comunidad en función, por un valor de 190 pesos. La gestión de la fotocopia, reuniones sin acuerdo y desavenencias con los directores de los centros de trabajo, por largos días de hacer filas para cualquier trámite obligatorio.

Dos años después, las parcelas de tierra adecuadas para la comunidad obrera y con ello la falta de combustible para la transportación y deposito de todo lo necesario para levantar la obra. Una penosa situación para los que ya habían esperado tan largo tiempo.

Obligados algunos, que ya pagaban mensualidad para poder dormir bajo techo, por necesidad metieron las manos en sus bolsillos y pagaron carros estatales, los cuales fuera de su horario de servicio cobraban como particulares por dicha maniobra. Fue entonces que muchos empezaron a perder las esperanzas.

La Unidad Municipal Inversionista de la Vivienda (UMIV) y su funcionario de autorizar la compra y carga individual, administro todo a favor de no se sabe quien. Tres y cuatro viajes mensuales, cinco sacos de cemento esta semana, quinientos bloques la otra, dos ventanas después. Así hasta el cansancio físico y agotamiento económico.

Había que cumplir el plan de obras del año y se empiezan a dar por terminadas viviendas casi sin empezar. Los mas ingenuos habían creído en la promesa de que firmar la terminación les daba garantía, hasta hoy dicen estar a la espera de poder concluir su sueño de poseer un techo propio.

Así, aquellos de más precaria situación se mudaron a sus “medias-casas”, las que después de dos años no reciben agua potable y tienen la necesidad de defecar en jabas de nylon con notable puntería. Porque no están autorizadas las fosas de agua negras y por tanto sus decorosos baños no tiene donde descargar.

Muchos dicen estar muy estimulados a no creer más en el bienestar que les prometió este (des)gobierno. Y los de mayor nivel de ironía en sangre, consideran que lejos de haber recibido un estimulo de la CTC oficialista, en realidad obtuvieron un gran castigo al enfrascarse en la edificación de sus nuevas casas.

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