jueves, 14 de mayo de 2009

vLOS HIJOS DE PAPÁ, Guillermo Fariñas Hernández.


La Chirusa, Santa Clara, Villa Clara, 14 de mayo del 2009 (FDP). Muchos son quienes especulan sobre las verdaderas intenciones detrás de las súbitas destituciones de Carlos Lague Dávila, Felipe Pérez Roque, Fernando Remírez de Estenoz y Carlos Manuel Valenciaga Díaz. Observadores residentes dentro de la isla consideran que detrás de las defenestraciones hay un oculto objetivo.

La sospecha viene dada porque no se ha hablado claro por parte del Dr. Fidel Castro Ruz en sus (in) Reflexiones, cual resultó el verdadero motivo que suscitó tan agresivas críticas a los depuestos. Ese nivel de mordacidad por parte del Comandante en Jefe versus los cesados siempre ha sido en un lenguaje ambiguo.

Todos los que saben el significado real de lograr encolerizar al tótem del castrismo cubano, deducen que el alto grado de cólera hecho público no se corresponde con la crueldad histórica demostrada por el régimen. Precisamente a la ligereza de los castigos aplicados hizo críptica la caída de estos personajes políticos.

Fidel y Raúl Castro adolecen de la virtud de saber perdonar a los compañeros de viaje, que por disímiles causas se convirtieron en un peligro para ellos mantener su omnímodo poder. Todo parece indicar que es un problema de índole genético- familiar, debido a que la madre de ambos, la señora Lina Ruz era famosa por ser vengativa.

No pocos consideran que los grandes errores de Lague, Felipito, Fernandito y Carlito no son tan graves como los describen o ya estuvieran presos y cuando menos detenidos. Existen cubanos que ven tras las cesantías una rara mezcla forzada de histrionismo, pantomima, parodia y teatralidad.

Varias versiones especulativas del por qué de los apresurados cambios coexisten en el seno del pueblo de la isla, que ávido de saber respuestas a el ocultadas desata su creatividad imaginativa. La desinformación como manera de control político de la sociedad le juega una mala pasada a quienes detentan el mando en el archipiélago.

Una muy interesante es la asegura que los jóvenes fidelistas fueron barridos de sus puestos, para dejarle el camino expedito a la casta más joven de la familia Castro Ruz. Por ser estos lozanos familiares quienes único serían garantes de la continuación de la Revolución Socialista a posteriori de la muerte de los hermanos Castro.

Esa notoriedad que los medios de difusión oficialistas les han dado al coronel del Ministerio del Interior Alejandro Castro Espín y al doctor en medicina Antonio Castro Soto de Valle a los paranoicos les he dudosa. La duda corroe a gran parte de los entendidos porque pudiera sobre venir una dinastía tipo Corea del Norte o Siria.

Sin dudas la notoriedad internacional de Lague Dávila, Pérez Roque, Remírez de Estenoz y Valenciaga Díaz se transformó en un impedimento para imponer una transición hereditario-familiar. La cercanía de los ahora echados a un lado con Fidel Castro les resultó su perdición, porque cerraban el paso a los cachorros de la familia.

Los hoy ultrajados por el propio Fidel, hasta hace poco eran vistos como los naturales sucesores del fidelismo más rancio. Pero el castrismo como sistema político ha degenerado de tal modo que actúa cual una autentica mafia, donde a la verdadera confianza y a los cargos claves solo pueden acceder aquellos sanguíneos con el jefe.

Porque Alejandro Castro Espín aparezca vestido de civil, con espejuelos montados al aire para buscar una imagen de intelectual, bigote y una pequeña barbilla, no quita que deje de ser todo un militarote. El hijo varón de la difunta Vilma y el actual máximo gobernante Raúl es un privilegiado de la elite castrense cubana.

Mientras el especialista en ortopedia Antonio Castro Soto de Valle le fue impuesto a la ciudadanía cubana, con la sutilidad de los conspiradores donde su convaleciente padre es todo un maestro. Su puesto como medico del equipo nacional de béisbol se convirtió en el pretexto para ser visto como un abnegado hijo del líder.

Para desgracia de Lague, Felipito, Fernandito y Carlito su permanencia en las altas esferas del estado cubano era algo imposible, ya que frenaban el desarrollo de los vástagos privilegiados de los Castro. Se debería comprender la actitud adoptada por ambos hermanos, porque ellos son su sangre y esto es una garantía.

Teorizar con respecto al verdadero trasfondo de los reemplazados denominados por la prensa extranjera acreditada en La Habana, como “Los Jóvenes Talibanes”, a veces se convierte en todo un vicio. Pero en el ya cercano congreso del Partido Comunista de Cuba se verá lo que verdaderamente se hace con los hijos de papá.
cocofari62@yahoo.es

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