jueves, 14 de enero de 2010

CHÁVEZ, TAMPOCO EL ALBA. Ramón Jiménez Arencibia.

El Condado, Santa Clara, Villa Clara. 7 de enero del 2010 (FDC). En el desarrollo y clausura de la Cumbre de los Países integrantes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), celebrada en La Habana, hubo un torneo de oratoria antinorteméricana. Una verdadera competencia de los mandatarios de esas naciones, para ver quién denigraba más a los vecinos del norte.

Hugo Chávez, Evo Morales, Raúl Castro, Daniel Ortega y otros integrantes de esta Alianza fueron reiterativos en sus intervenciones. Todos tienen como base de sus impugnaciones una ideología, que considera la libertad económica, como enemiga de las aspiraciones seculares de mejoras para los habitantes de éste continente.

El bloque persiste, según el documento final emitido al concluir la reunión, en tomar todas las medidas adecuadas, para rechazar la ofensiva del imperio. El mismo considera, que esta se efectúa, para frenar el movimiento de cambios sociales, los cuales tienen lugar en América, impulsado éste por el ala izquierdista más radical.

Es innegable que existe una gran contradicción, una fuerte lucha como señala la declaración de la Cumbre, entre fuerzas con diferentes concepciones políticas y económicas. América es el escenario hoy de ese gran combate, pero no entre la oligarquía y los pueblos, como señala el Presidente Raúl Castro Ruz.

La actual coyuntura internacional enfrenta en el mundo a corrientes e ideologías diametralmente opuestas. La división no es, como se cree, entre gobiernos “pro-estadounidenses y antiestadounidense”, si ese es el término de referencia. No es entre los países ricos desarrollados por una parte y por la otra las pobres naciones subdesarrolladas.

Hoy en América está en juego la libertad económica y el Estado de Derecho. Muchos desde este lado defienden los principios recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que en sus aspectos fundamentales reconocen: la libertad de expresión, el pluralismo político y la integridad física y moral del ciudadano.

Esos principios se cumplen a cabalidad en las sociedades modernas, que forman los países más ricos y poderosos del mundo. Es inherente a su sistema económico y social, donde predomina el respeto absoluto al derecho ajeno, a la propiedad individual, como motor del progreso de la humanidad.

Indiscutible el triunfo de las izquierdas en los últimos procesos electorales. Lógico, después de un progresivo sumario de desgaste y deterioro del sistema político, donde proliferaron los gobiernos militaristas, además de la corrupción. En esta zona geográfica, los socialistas se han adueñado de las banderas de la democracia.

Según los analistas de la política latinoamericana, la izquierda se ha vestido de democracia, pero no queda claro, que la democracia se quiera vestir de izquierda. Ellos predican igualdad, más empleo, menos pobreza. Pero los ciudadanos no demandan más izquierda, sino más democracia, pluralismo y libertad de expresión.

Ahora, que culminó el cónclave de alto nivel de esta Alianza, es necesario señalar un aspecto, que resulta interesante. A excepción de Cuba, cuya dependencia económica de la asistencia petrolera venezolana es vital para su supervivencia, ningún otro país, sin contar los que ya están, se han mostrado dispuesto a suscribirse al ALBA.

Chávez, aunque pretenda, no es un líder regional capaz de movilizar a los pueblos. Los líderes son aquellos que logran penetrar en el imaginario y las expectativas de la gente, no por su posición política, sino porque interpreta las aspiraciones de las mayorías y una gran parte de esta, siente una gran simpatía por los Estados Unidos de América (EE.UU).

Contraria a como piensa y actúa la élite gobernante izquierdista, la población de esta región gusta de EE.UU, su cultura, economía y movilidad social. El sueño americano es también el sueño latinoamericano. Por eso en los sentimientos y aspiraciones de los pueblos no están Hugo Chávez, como tampoco el ALBA.

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