viernes, 12 de febrero de 2010

¿VALDRÁ LA PENA DISENTIR? Ramón Jiménez Arencibia.


El Condado, Santa Clara, Villa Clara. 21 de enero del 2009. (FCP). En las últimas semanas se ha hecho habitual, que aparezcan en la sección Cartas a la Dirección del periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC), diferentes opiniones sobre algunos problemas de la situación económica del país. Criterios estos, que pasan sin censura, porque no contienen una crítica abierta al sistema.

Todas las sugerencias se publican por éste órgano de prensa, en sus aspectos fundamentales, aunque discrepen en alguna forma de la línea oficial. Porque en sus conclusiones aprueban la política económica seguida por el régimen, expresan su fe en el sistema socialista, en su dirección cargada de errores y desaciertos.

Muchos analistas del proceso cubano, prefieren llamar a la presente etapa, “de no predominio total del totalitarismo”. Estos politólogos al estudiar determinados cambios, que tienen lugar actualmente en el país, califican estas manifestaciones de un estadío menos cerrado y más tolerante, que el anterior, al cual denominan autoritarismo.

Hablar de temas tan espinosos, llenos de complejidades, como los económicos y que estos aparezcan publicados en la única prensa autorizada a circular en este país, obliga a una seria reflexión. ¿Quiénes escriben, a quiénes les publican sus alegatos o este consentimiento será el inicio de una apertura?

Estos debates que tienen lugar en este órgano informativo, se originaron a raíz de los pronunciamientos hechos por la máxima dirección del gobierno sobre los subsidios. Luego, como elemento de discusión, está lo relacionado con la Libreta de Control de Ventas, mediante la cual la población recibe el producto subsidiado.

Comenzaron a verterse opiniones contradictorias, unas a favor y otras en contra de su eliminación. Los que estaban a favor alegaban, que el estado tenía que dejar de ser paternalista, ya que eso ponía en peligro el futuro económico de la nación, era hora de cambiar el rumbo.

Otros señalaban, que la eliminación de este documento de control de los alimentos racionados, tenía que efectuarse en forma paulatina, para evitar una conmoción social. Estos consideran, no existen las condiciones necesarias, para deshacerse de la libreta, ya que las fuerzas productivas permanecen inmóviles, producto de un sistema irracional.

Han seguido publicándose artículos, en esa sección del periódico, los cuales son bien acogidos porque no erosionan la esencia del socialismo. Se expresan criterios sobre la debacle de la Gastronomía Popular, aspecto este que se produjo desde el año l968, en que el gobierno desató, lo que llamaron Ofensiva Revolucionaria.

No perdonaron las pequeñas empresas privadas, ni a las quincallas, ni timbiriches. En el curso de esta ofensiva desaparecieron los granizaderos, heladeros y vendedores de maní. En ese intento por llevar la estatización a todos los niveles de la vida económica, dejaron de existir en Cuba, todo vestigio de propiedad privada.

Taxistas privados, vendedores de chucherías, zapateros particulares, limpiabotas, plomeros, electricistas, albañiles, gentes que arreglaban cualquier cosa, fueron declarados enemigos del pueblo y del socialismo. Con estas medidas, junto a las anteriores, pasaron a manos del estado, todos los medios e instalaciones dedicadas a la producción y los servicios.

Clásico error, aún los cubanos pagan por la aplicación de la línea guevarista de estatizar y colectivizar todo. Los descalabros de la política económica oficial, agudizan la situación de penuria de la población. La Gastronomía Popular, la que presta servicios al cubano de a pie, es un desastre.

Resulta infantil, el argumento esgrimido por el ala más extremista de la izquierda gobernante. Alegan que privatizar este sector convertiría a un grupo de la sociedad en ricos, lo que iría en contra de los principios del igualitarismo, que enarbola el socialismo.Ante estos planteamientos se deben preguntar, ¿Valdrá la pena disentir?

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