jueves, 20 de agosto de 2009

AMÉRICA LATINA: CAMINOS DE LA IZQUIERDA I, Joaquín Cabezas De León.


La Ceiba, Camajuaní, Villa Clara, 20 de Agosto del 2009 (FDC).En América Latina la izquierda a partir de finales de la década del 90, ha llegado al poder convertida en una fuerza política relevante en muchos países. Paradoja histórica tras la caída del Muro de Berlín y el derrumbe del “socialismo real”, que no fue su fin sino su principio.

La izquierda se convierte en alternativa de poder debido al desencanto de grandes sectores sociales de las políticas neoliberales y la crisis de legitimidad de los partidos políticos tradicionales. Otro factor decisivo es la aparición de democracias emergentes en la región y el fin de los gobiernos militares.

Como fenómeno político la izquierda en el continente comprendió que la democracia política es el mejor instrumento para llegar al poder y descarto por inviable, así como fracasada la lucha armada. Otro de los axiomas que los izquierdistas percibieron es que la economía de mercado y el gobierno democrático es el horizonte imponderable.

En su accionar los partidos de izquierda y los movimientos sociales tienen diferentes enfoques sobre la realidad, además de propósitos programáticos. Lo que permite describir dos corrientes definidas, una izquierda voluntarista con un relato emancipador y populista, mientras existe otra pragmática y juiciosa con los pies en la tierra.

La voluntarista trata de reinventar un discurso que al final resucita los mitos, creencias y dogmas tardo-populistas del estatismo, la satanización del mercado, la lucha infinita contra el imperialismo, así como la posibilidad de forjar un paraíso social. Con sus diferentes tonos están en este elenco los Castro, Chávez, Ortega, Morales y Correa.

La otra vertiente sin esquemas simplistas se puede denominar pragmática o realista, que ha replanteado su papel y reconoce que la democracia es el mejor instrumento para fomentar la justicia social, que sin crecimiento económico no se puede combatir a la pobreza y las desigualdades. Sus exponentes son Lula, Bachelet, Kischner y Tabaré Vázquez.

En la era poscomunista, el debate entre socialismo y liberalismo perdió sentido o significado, la tradición socialista asumió a su marco normativo las libertades públicas, el estado de derecho, la necesidad del mercado como mecanismo de asignación de los recursos. Los viejos paradigmas leninistas, son a decir de Furet: “El pasado de una ilusión”.

Manifiesta Chantal Mouffe: “La tarea de la izquierda no puede por tanto consistir en renegar la ideología liberal-democrática, sino al contrario, en profundizarla y expandirla en la dirección de una democracia radicalizada y plural”. Imaginario que en la real política de una izquierda que junto con la crítica al “capitalismo salvaje”, articuló su propia autocritica.

Entre los espejismos de Chávez y las querellas infinitas de Fidel Castro con el imperialismo norteamericano, una parte de la izquierda de este continente hipoteca el futuro y con la etiqueta del “Socialismo del Siglo XXI”. Que solo reciclan las viejas formas autoritarias del bolchevismo y si quisieran resucitar la Guerra Fría a escala regional.

Estas dos izquierdas tienen diferencias notables y propósitos distintos, una se propone construir un paraíso terrenal para los pobres de América, utiliza la democracia y manipula su contenido. La otra profundiza el debate y el dialogo, pues reconoce que la construcción democrática con agenda social es una largo y complicado camino.

Con sus diferencias tienen puntos de contacto, en sus estrategias está la integración regional como elemento de fomentar el comercio, fortalecer y complementar sus economías distantes del “Consenso de Washington”. Lo que presupone con sus tonalidades una proyección exterior y la relación tensionada con la política del poderoso vecino en la zona.

El fin de la Guerra Fría y el derrumbe del socialismo europeo fueron paradójicamente uno de los elementos pivote de la asunción de la izquierda como fuerza política en América Latina. Un sector de la izquierda con sus políticas populistas puede arrastrar a la deriva a todas las conquistas democráticas de esta “América Nuestra”.

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