jueves, 27 de agosto de 2009

¿RESCATE DE TRADICIONES?, Carlos Valhuerdi Obregón.

Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 27 de agosto del 2009 (FDC). Cuba tiene un alma cristiana, afirmaba Juan Pablo II en su visita pastoral a la isla, en enero de 1998. En la misma Monseñor Pedro Meurice, arzobispo de Santiago de Cuba en esa época, al presentar al pontífice su diócesis expresaba: “…aquí se ha confundido patria con sistema político e ideología…”, si parafraseamos: “En estos momentos hasta con la persona del dictador”.

Al ser Cuba un país cristiano, en el se conmemoraban además de las festividades patrióticas, aquellas celebraciones ligadas a sus creencias. Fiestas Patronales, Verbenas, Romerías, Procesiones, Semana Santa, Navidad, Día de Reyes. Hoy se celebran la de “La Virgen de la Caridad del Cobre” y solo en los contextos de las iglesias.

Todos estos festejos tan ligados a la idiosincrasia nacional fueron suprimidos de golpe y porrazo por el régimen, desde principios del 1960. Algunas procesiones terminaban en golpizas, los días de catequesis se realizaban “Planes de la Calle”, programas creados por el gobierno, en el que se les exigía la presencia a los niños los fines de semana, para desviar su asistencia a la iglesia.

La imposición de una mal llamada “Ideología Científica- Atea” obligó a las nuevas generaciones a la práctica oculta de sus creencias ancestrales y al uso generalizado de la doble moral. Se bautizaba en otros pueblos donde nadie conociera la identidad de la persona, igual pasaba con los matrimonios por la iglesia y la misas de difuntos.

Esto trajo como consecuencia la perdida de valores inherente al cristianismo y que las raíces e identidades nacionales fueran olvidadas o casi sustituidas por otras ajenas a la naturaleza del cubano. Se comenzó una estricta educación anticristiana con la consiguiente negación de toda creencia religiosa o práctica espiritual.

Destruyeron imágenes, monumentos, cerraron templos, conventos, expulsaron a curas y monjas en el buque Covadonga, expropiaron escuelas religiosas, lugares de culto y hasta el Seminario “El Buen Pastor” pasó a manos del gobierno. Todo creyente comenzó a sufrir en carne propia la persecución, donde se le invalidaban estudios y puestos laborales acorde a sus capacidades.

El escudo de la ciudad de Santa Clara tenía entre sus inscripciones: “Patria, Religión y Familia” como los tres baluartes principales de una sociedad cívica y próspera. La palabra religión fue sustituida por Prosperidad, olvidándose así las enseñanzas del apóstol José Martí, que dice entre otras cosas: “Todo pueblo necesita ser religioso”. (Obras Completas, Tomo 19).

Con los cambios ocurridos en la isla, a principios de los años 90 y el peligro de globalización para la carencia de costumbres propias, en que fue sumida la sociedad cubana, por la imposición de usanzas extrañas a las nuestras. Hizo que el régimen adoptara medidas urgentes para “rescatar tradiciones”, se empezaron a permitir de forma muy velada antiguas prácticas culturales.

Volvieron las procesiones con autorización y gran vigilancia, se restauraron las verbenas y romerías, esta última en Holguín, pero ambas desacralizadas. El mejor ejemplo de esto se da aquí, donde La Verbena de Santa Clara de Asís, es ahora “La de la Calle Gloria” y en espera del cumpleaños del compañero Fidel Castro Ruz, muy enfermo de una patología no divulgada.

Para satisfacer la petición del Papa, en 1998, se restableció el 25 de diciembre, como Día Feriado, pero sin decir el motivo religioso por el que cesaron las actividades. Al restablecer dicha celebración el dictador ofreció explicaciones nada creíbles del por qué esta suspensión, por casi 40 años, en los que el pueblo se vió privado de la misma.

Por Navidad y Semana Santa se transmiten programas televisivos, pero sin muchos anuncios y a deshoras en la noche, por los denominados Canales Educativos y con la coincidencia de atractivas transmisiones en el resto de los canales. Todo con tal de disminuir a la teleaudiencia, ante el temor que Cristo ocasiona a este sistema político.

Algunas personas conformistas creen que todo esto es un logro, pero la verdadera libertad no es eso. No se puede agradecer las migajas concedidas cuando por derecho se debe obtener mucho más. No hablen entonces de rescate de tradiciones, estas nunca se perdieron, sino que fueron prohibidas por el (des) gobierno.


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