jueves, 6 de agosto de 2009

CUBA: EL PODER Y LA CULTURA I, Joaquín Cabezas De León.

La Ceiba, Camajuaní, Villa Clara, 6 de agosto del 2009 (FDC). Entre el poder y la cultura existe dialéctica e históricamente una relación de conflicto. En el caso cubano esta relación problemática se complejiza, en primer lugar por la naturaleza del poder del tipo totalitario y en segundo por sus propósitos manifiestos de apropiación cultural.

Al tipificarse la Revolución y ser un poder dominativo-totalitario enfrenta a la cultura por la pretensión de articular un discurso hegemónico, excluyente, unidireccional, asimétrico y verticalista. Versus una naturaleza de diálogo plural, búsqueda de espacio donde gestar arquetipos como esencia de la diversidad de patrones críticos que de ella emanan.

El poder desde su transformación diseña una “política cultural” que a pesar de sus paradojas en líneas generales afirma su voluntad de dominación, en sus “Palabras a los Intelectuales” Fidel Castro declara en el Salón de Actos de la Biblioteca Nacional, en junio de 1961: “Dentro de la Revolución, todo, contra la revolución, nada”.

Una lectura contextualizada de esta frase nos revela claramente, el significado hegemónico-dominativo de las coordenadas que comienzan a trazarse, que cancelan cualquier espacio de intersección fecunda. Por esa misma época, se edita un texto dirigido a Carlos Quijano “El socialismo y el hombre en Cuba” de Ernesto Guevara.

Este señala un rasgo distintivo de la identidad de la intelectualidad cubana cuando expresa: “La culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original, no son auténticamente revolucionarios. Las nuevas generaciones vendrán libres del pecado original”.

Estas frases de Ernesto Guevara contienen un diagnóstico precoz del espíritu latente de nuestra cultura, el no conformismo ante el totalitarismo y sus esquemas, que se manifiesta en la permanente disputa del poder versus artistas contestatarios. Disputa que al parecer molestaba al Comandante Guevara y lo llevaba a confundir la virtud con el pecado.

En ese mismo texto sin proponérselo describe con previsión crítica, la gestión del poder en la formación de una “Burocracia Cultural”, adocenada y apologética. Expresaba Guevara: “No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial, ni becarios que viven al amparo del presupuesto ejerciendo una libertad entre comillas”.

La historia tiene sus confirmaciones irónicas y una parte considerable de los intelectuales “orgánicos”, para asumir la expresión de Gramsci: “Son dóciles asalariados del pensamiento oficial”. Pero por suerte para la cultura cubana el proceso también generó intelectuales “inorgánicos”.

Siempre que asumo algún análisis sobre la Revolución, ese proceso devenido en poder totalitario, pienso que sería impreciso tratar de describirlo de manera lineal. Un buen asidero para abordar los fenómenos que genera es realizarlo a modo de recurso metodológico.

Valorar la estructura de cierta dualidad de carácter que se percibe en expresiones contradictorias que fluyen de las relaciones de poder. Ese comportamiento dual en ocasiones nos sirven para trazar un modelo efectivo que desentraña “esencias y consecuencias”.

Así como sus múltiples vectores; en el caso del “complejo cultural” que crea el poder en su discurso es efectivo. Porque nos permite clarificar algunas cosas al decir de Iván de la Nuez: “…..de las paradojas culturales de las políticas cubanas”.


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