jueves, 6 de agosto de 2009

UN TRIUNFALISMO INNECESARIO, Guillermo Fariñas Hernández.

La Chirusa, Santa Clara, Villa Clara, 6 de agosto del 2009 (FDC). Los aficionados y la fanaticada al baloncesto en Cuba se han quedado con un palmo de narices. El motivo de esto es la controvertida decisión de las autoridades deportivas cubanas de no asistir al Campeonato de las Américas, a celebrarse del 26 de agosto al 6 de septiembre, en Puerto Rico.

Dentro de los entrenadores de este deporte en la región central esta resolución es sumamente descabellada, para lograr en el futuro resultados notorios de esta especialidad competitiva en el archipiélago. Muchos avezados técnicos de esta dinámica deportiva creen que la decisión tiene una esencia más política tras bambalinas, que otra cosa.

El gobierno castrista en el poder hace cerca de 51 años, usa los triunfos deportivos para proyectar una imagen triunfalista de la Revolución Cubana. La politización recurrente de las actividades musculares es el pan nuestro de cada día, pues el Partido Comunista de Cuba inculca una invencibilidad irracional.

No precisamente por boca de sus detractores en el sistema totalitario, se mezcla la política con deporte, ha sido el propio Comandante en Jefe quien ha dicho respecto al campeonato de béisbol en Sydney, Australia: “Nos dolió perder el Campeonato Olímpico en nuestro deporte nacional, pero más nos dolió perder con el equipo norteamericano”.

Cuba y su supuestamente paradisíaco sistema económico-social usan varias vitrinas mediáticas, para tratar de encandilar a los habitantes del mundo democrático y civilizado. Junto al aspecto señalado aquí, también emplean para engañar a los ingenuos a las esferas de la educación y salud pública, por citar solo dos ejemplos.

Si el equipo nacional cubano de basquebol tuviera la franquicia de los altos jefes fidelistas de ir a Puerto Rico, es muy seguro que quedaría en el último lugar de su grupo clasificatorio B. Pues los seleccionados de Argentina, Brasil, Republica Dominicana y Venezuela, en cuyos teams militan jugadores integrantes de la Nacional Basketball Association (NBA).

Integrantes de la Federación Cubana de Baloncesto (FCB) y la Comisión Nacional de Baloncesto (CCB) argumentan a las máximas autoridades políticas, que aunque se quede en el sótano del certamen el roce es importante. Debido a que los baloncestistas nacionales tendrían un necesario fogueo con homólogos, que juegan en los predios estadounidenses.

Directivos gubernamentales ratificaron que esto no era posible, porque así lo había determinado el ahora “Compañero Fidel”. Quien para desgracia de este deporte es el favorito del Dr. Fidel Castro Ruz y el líder comunista ve como una afrenta personal, que el equipo Cuba en esta práctica obtenga el postrero sitio del mismo.

Por adversidad en esta isla del mar Caribe los conocedores del baloncesto deben subordinarse a los caprichos de un anciano moribundo. No importa que en sus currículums personales cuenten con unas impresionantes trayectorias como atletas, disímiles cooperaciones en el extranjero, ser masteres y hasta doctores en ciencias, aquí se hace lo que diga quien de todo sabe.

Quienes en las altas esferas del castrismo tomaron esa improcedente disposición, nunca contaron con los ríos de sudor que dejaron los jugadores sobre los tabloncillos. A la separación cotidiana de al lado de sus familiares y seres queridos, cuestión que va unida a las pésimas condiciones de alojamiento y transportación para participar en la Liga Superior de Baloncesto.

Es sumamente doloroso, luchar a brazo partido para alcanzar una clasificación para el codiciado Campeonato de las Américas y que de pronto unos politiqueros de baja calaña tronchen los sacrificios de años de esfuerzos. Porque ningún baloncestista sea pro-castrista o un solapado antifidelista compite para hacer política, ellos siempre juegan para superarse a si mismos.

Está ahí la determinación irrevocable y nefasta de un anciano gobernante agonizante, pero todavía demasiado temido para contradecirlo. Demuestra la historia del tótem de la Revolución Cubana que a él no le importan para nada las opiniones de los aficionados, los entrenadores y menos de los sacrificados atletas. Pues el deporte en Cuba solo busca un triunfalismo innecesario.


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