jueves, 27 de agosto de 2009

EL LAMENTO DE CARMITA, Feliberto Pérez Del Sol.

Sakenaff, Santa Clara, Villa Clara, 27 de agosto del 2009 (FDC). La mujer cubana siempre ha estado presente en todos los hechos relacionados con las luchas por alcanzar la verdadera libertad. Muestra de ello fue esa hija de Santa Clara llamada Carmen Gutiérrez Morillo, modesta educadora y patriota, de la gesta de 1895.

Nació Carmen Gutiérrez, en esta ciudad, el 14 de agosto de 1854 y desde muy temprana edad recibió instrucción privada en su propia casa. Sus padres, don Mateo Gutiérrez y Hurtado de Mendoza y doña Candelaria Morillo y Sánchez, depositaron la enseñanza de su hija en manos de dos destacados maestros de la época: Andrés Sánchez Cápiro y Manuel Toymil.

Estos educadores modelaron aquella inteligencia y despertaron en ella lo mejor de si, a la vez que definieron su vocación hacia el magisterio. Esto la motivó a fundar a los 14 años de edad, una pequeña escuelita gratuita, donde la casi totalidad de los aprendices eran de raza negra, incluso algunos de ellos esclavos.

En ese colegio, Gutiérrez Morillo, auxiliada por sus hermanas Dolores, Micaela, Trinidad y Nicolaza, educó a los jóvenes y tuvo éxito. Allí reflejó las necesidades más crecientes que aquejaban al país, además fue la primera que instruyó Historia de Cuba, como parte de la Historia Española para evadir la atención de las autoridades.

Aquella vocación de la popularmente conocida como Carmita por la pedagogía, siguió en aumento a pesar del paupérrimo salario devengado por aquella época en esta profesión. Estudió con esmero hasta dominar las materias para hacerse educadora, actividad que logró, en junio de 1878, después de trasladarse para La Habana donde realizó el examen.

Esta labor le permitió rápidamente ganar prestigio y alcanzar condecoraciones que avalaron su profesionalidad. En 1882, ella obtuvo Medalla de Oro como Mejor Profesora, reconocimiento que compartió con otro destacado maestro coterráneo suyo, Mariano Clemente Prado, ya en 1887, obtuvo el título de bachiller.

Al estallar la guerra contra el dominio español, en 1895, convirtió su casa en un lugar de auxilio a los que conspiraban y por orden del general Jesús de Monteagudo formó el Club Revolucionario Hermanos de Juan Bruno Zayas. Los miembros de este debían recolectar o donar mensualmente siete pesos, además de víveres, ropas y medicinas.

Su labor no pasó desapercibida por el gobierno peninsular y luego de ser vigilada se le redujo a prisión por mandato del terrible Trujillo Monagas. Junto a su hermana Nicolasa y Consuelo Ávalos, soportó con valor su encierro, sin dar jamás prueba de desaliento moral hasta ser finalmente liberadas.

Durante la reconcentración llevada a cabo por Valeriano Weyler, Carmita, dio muestras de caridad y patriotismo por los suyos. Realizó la grata tarea, para la cual poseía experiencia, de recolectar alimentos y ropas para los desposeídos encerrados que morían de hambre. Secundó así al Padre Chao, quien desde la Iglesia Nuestra Señora del Buen Viaje hacía lo propio.

Corría el año 1903, ya en el regazo de la patria libre, cuando fue agasajada nuevamente por su constante bregar en la humana labor de impartir conocimientos. Esta vez La Sociedad Económica del territorio central la dotó del Premio Luz y Caballero, entregado al mejor maestro de Santa Clara.

Una hemiplejia que le atacó su cuerpo, el 7 de diciembre de 1914, le provocó inactividad total del brazo derecho, no obstante siguió sirviéndose con la mano izquierda. La tarde del 27, del mismo mes y año mencionado, le repitió el ataque, esta ocasión con más fuerza y falleció en la madrugada del siguiente día, a las 5: 00 a.m.

Ex-discípulas suyas crearon el Comité Pro-Carmita Gutiérrez, presidido por María Luisa Hernández de Torrens, con la idea de erigir un monumento a tan distinguida figura. Este fue develado, el 16 de junio de 1925, en el parque El Carmen. El mismo es obra del español Mateo Inurria y el lugar de su emplazamiento lo supervisó el representante del escultor.

El busto de marras, que recién cumplió 84 años, reclama hoy una urgente restauración. Y a su espíritu le duele que aquella generación haya perpetuado su memoria y las autoridades actuales conscientes de la participación de las mujeres en las luchas independentistas, se muestren indolentes ante el deterioro que sufre la estatua de Carmita, la patriota de La Guerra del 95.


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