jueves, 6 de agosto de 2009

LA LIBRETA DE ABASTECIMIENTO. Ramón Jiménez Arencibia.

El Condado, Santa Clara Villa Clara. 6 de agosto del 2009 (FDC). En la República de Cuba, desde el año 1962, rige la libreta de abastecimientos. Esta tiene entre sus varios objetivos controlar la distribución a la población de los productos normados debido a las limitaciones que existen de los mismos.

Este sistema es de estricto racionamiento para los productos alimenticios. En opinión de muchos analistas esta modalidad distributiva llegó para quedarse, ya que los embates de la crisis económica mundial, cuyos efectos se reflejan en múltiples aspectos de la vida cotidiana, hacen inevitable su vigencia.

Otros consideran que a la añejada libreta de control de ventas alimentarías le queda muy poco tiempo. Los que así opinan alegan, que esta no va a desaparecer por una abundancia de artículos y productos de alto consumo popular, sino por la falta de los mismos para cumplir las cuotas preestablecidas.

Sin lugar a dudas, el racionamiento que ya dura la nimiedad de 47 años ha mantenido a la población tiranizada. La misma vive sometida a las desiciones centralizadas sobre la adquisición y consumo de los alimentos. Su larga duración no ha tenido parangón en la historia de los antiguos países socialistas.

Cuando se puso en vigor esta nueva forma de control, la libreta incluía el derecho de una persona a adquirir cinco libras de arroz, seis libras de azúcar de ellas tres de azúcar refino, mientras otras tres de la cruda, diez onzas de frijoles y media libra de aceite, todo esto con una periodicidad mensual. Con la salvedad de unos 80 gramos de pan diarios.

Además en ella se estipula actualmente por persona mensualmente unos cinco huevos, l5 libras de viandas, dos libras de pescado, un jabón de tocador y uno de lavar cada dos meses. También un litro de leche diaria solo para menores de siete años y un tubo de pasta dental por cada cuatro personas.

Con una nunca asegurada carne de res a 0.75 libras, para las personas que tienen autorizadas dietas médicas y media libra de picadillo con soya, a la vez 14 frascos de compotas para niños al mes. Todas éstas asignaciones han presentados serias anomalías, que conspiran contra la seguridad alimentaría del pueblo.

Ejemplos muy notorios se exponen a continuación, el pan nunca alcanza los 80 gramos, el yogurt se suministra solo a niños comprendidos entre siete y 13 años, el aceite tiene entregas inestables. Todos estos artículos paulatinamente han sufrido cambios en cantidad, como en calidad, razón por la que han disminuido las cuotas comprometidas.

Los que visitan éste país, casi siempre miembros activos de los muchos comités de solidaridad por el ancho mundo, pretenden ignorar estas situaciones. Ven los logros alcanzados en la salud pública, la educación, ambas hoy en evidente deterioro y olvidan que los cubanos garantizan con los productos nacionales, solo la mitad de las calorías percapitas diarias estipuladas.

Desaparecieron en forma paulatina del documento de control, la ropa y el calzado. Ahora para que los habitantes de esta isla adquieran estos artículos tienen que ir a las tiendas de ventas en divisas convertibles, a las de moneda nacional y en última instancia a las “shooping-trapos”, donde se ofertan ropas usadas y donadas desde el extranjero.

El balance de estos 47 años transcurridos, desde la aplicación de la medida indica la necesidad de sustituir el inoperante mecanismo de racionamiento vigente. Pues el mismo no trajo la igualdad sino que incrementó la desigualdad, favorece a muchos ciudadanos que no la necesitan, lo cual resulta injusto e inaceptable.

¿Cual sería la solución? Los defensores del igualitarismo arguyen, que de eliminarse éste sistema condenarían al hambre a familias enteras. Hay que lograr tazas de crecimiento económico que eleven la riqueza nacional, requisito indispensable para enterrar la Libreta de Abastecimiento y lograr la independencia del consumidor.


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