jueves, 25 de junio de 2009

ALGO HICIMOS MAL, Ramón Jiménez Arencibia.

El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 25 de junio del 2009 (FDC). En la pequeña isla de Trinidad y Tobago, tuvo lugar La Cumbre de las Américas, con la presencia de la casi totalidad de los presidentes de la región elegidos en votaciones libres. No fueron invitados solo los gobiernos que detentan el poder de alguna manera antidemocrática.

Cuba no fue invitada a la cita.En la década del 60 del pasado siglo XX, fue separada de la Organización de Estados Americanos (OEA), por violar los principios constitutivos de la misma y durante todos estos años el régimen impuesto en éste archipiélago ha ignorado sistemáticamente la Carta Democrática Interamericana.

Previo a éste conclave, se reunieron el grupo de países que integran la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), con el claro propósito de enfrentar a las naciones que mantienen el respeto al orden institucional. Los gobiernos que defienden la libertad política y económica del hombre como ser social.

El conjunto de estos estados son en el orden político internacional los defensores del régimen totalitario cubano. Nucleados alrededor del presidente venezolano Hugo Chávez Frías. Quien sustituye a duras penas el papel de la extinta Unión Soviética en cuanto a la entrega de subsidios a la economía nacional.

A nadie engañan los panelistas de la Mesa Redonda que salen al aire por la televisión cubana todos los días, cuando afirman que la opinión pública no tuvo acceso a los debates que se efectuaban en las sesiones plenarias. Pues aunque muy pocas se hicieron a puertas cerradas si trascendió lo discutido, debido a que todas las partes lo informaron.

Una censura total es la que existe en esta nación cubana, donde todos los medios de comunicación son controlados por el estado. Los gobernantes privan a la población del más mínimo acceso a lo que ocurre fuera de las fronteras y dentro de la misma, por eso no se conoció de las discusiones que allí tuvieron lugar.

Era de esperar que se enfrentaran posiciones, concepciones y criterios diferentes, encabezados por la izquierda de Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa. Todos ellos califican al mercado de ente sin corazón, consideran la libertad económica como enemiga irreconciliable de la inversión social en beneficio de los pobres y base de la actual crisis financiera mundial.

Frente a estos pobres argumentos rechazados de plano por otros dignatarios presentes en la reunión, los cuales plantearon el alto costo que significa una economía dirigida mediante órdenes. Se ilustraron todas las consecuencias que esto acarrea, como la baja productividad del trabajo, ajustes de precios, salarios, no competitividad y estancamiento. .

La prensa oficial cubana llenó sus páginas de elogios al discurso de Daniel Ortega, presidente de Nicaragua. El mismo hizo además una comparecencia especial en la Mesa Redonda, referido a la citada reunión de jefes de estados en el Caribe. Tanto el discurso como su presentación en la televisión eran copia fiel de las reflexiones de Fidel Castro.

Oscar Arias, presidente de Costa Rica, en una histórica intervención ante el plenario puso al desnudo lo endeble de las posiciones de la izquierda que llegaba al poder mediante elecciones libres. Estos hoy quieren aplicar una serie de mecanismos para cambiar el curso institucional, perpetuarse en el poder y abolir el Estado de Derecho.

¿Por que culpar a los Estados Unidos de América de los males que abaten a los pueblos de éste continente? Y afirmó el dirigente costarricense: “No creo que eso sea del todo justo”. Hay que enterrar de una vez el mito de que la pobreza de los latinos se debe al expolio de las naciones ricas, cuando solo son el fruto de los errores históricos o sociales cometidos.

Continua Oscar Arias “Algo hicimos mal, no puede ser que América Latina se gaste 50 000 millones de pesos en armas y soldados.Yo me pregunto ¿Quién es el enemigo nuestro, responsable de esa desigualdad que señala el presidente Correa?” Todo eso es producto entre muchas cosas de que seguimos culpando a los demás de la culpa que solo tenemos nosotros.

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