jueves, 4 de junio de 2009

VIVIR DEL CUENTO, Clara Pérez Gómez.

Camajuaní, Villa Clara, 4 de junio del 2009 (FDC). Hace más de una década madres con niños seminternos en el circulo infantil “Flores de la Vida” de Camajuaní, al anuncio de lluvias abandonan sus puestos de trabajo. Las pertenecientes al segundo año de vida, corren alarmadas ante la proclama de precipitaciones.

Las féminas trabajadoras, a la voz de aguacero suspenden de inmediato sus labores para trasladar a sus vástagos de la institución hacia lugares seguros. La situación se deriva de las filtraciones ya tradicionales, que aun padece este centro en sus techos y paredes.

Así mismo, el único hogar de ancianos de este municipio fue desocupado, sus beneficiados moradores resultaron redistribuidos y situados en diferentes municipalidades de esta provincia. Esto ha traído las consabidas molestias para los miembros de la tercera edad y los encuentros con sus más cercanos familiares.

En el traslado se fueron convencidos por la promesa gubernamental, de retornarlos al lugar, más confortable dada la reconstrucción planificada. Transcurridos dos años, aun ellos sueñan con reunirse nuevamente y poder morir en su pueblo natal.

Las escuelas primarias seminternas en la localidad están limitadas, las madres trabajadoras que no alcanzan este privilegio, se las ven apuradas en el almuerzo. Ellas abrigaron la esperanza en la construcción de un nuevo plantel educativo, donde a los educandos se les asegurase el alimento del mediodía, sin la molestia de ir a casa.

De pronto llegó la demolición y reconstrucción del ya deteriorado colegio “Conrado Benítez” y sus alumnos se encuentran dispersos en aulas improvisadas. Esta obra forma parte de la muy renombrada campaña de relaciones públicas “Batalla de Ideas”.

Esta monumental obra constructiva para una localidad tan modesta como “El Pueblo de Los Chivos y Los Sapos”, sorprende a los muchos necesitados de este municipio. Semeja un hotel para el turismo extranjero y paradójicamente la reparación capital no se transformó en el necesario seminternado de primaria.

Con los gastos incurridos merecería la pena beneficiar a todas aquellas madres no privilegiadas en poseer la seguridad de un modesto almuerzo y cuidado para sus chicos. Lo que contribuiría a un mejor desempeño en sus disímiles labores y desarrollo como profesionales.

Cuando se proclame que una obra es social, debe llevar implícito que su edificación implica la mejoría de la mayor parte de la ciudadanía. Las construcciones para el pueblo no deben ser un capricho de los dirigentes de turno. Si se tomaran en cuenta las opiniones y necesidades de los cubanos de a pie, todo fuera mejor.

La igualdad de la mujer proclamada oficialmente, más que una consigna debería materializarse. Con la reparación de “Flores de la Vida”, es la manera práctica de equivalencia. La conversión en seminternado de algunas de las reconstrucciones en ejecución es el camino correcto, de lo contrario vivimos del cuento.

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