jueves, 9 de julio de 2009

MAESTRO DE LA FALACIA, Guillermo Fariñas Hernández.

La Chirusa, Santa Clara, Villa Clara, 9 de julio del 2009 (FDC). Hacer un constante uso de la falsedad en lo que se dice públicamente respecto a temas políticos, se ha convertido en la razón de ser de muchos cubanos proclamados seguidores del castrismo. Incluso el aparato de propaganda del régimen totalitario en el poder, lo ha denominado oficialmente “Doble Moral”.

La doble moral no es otra cosa, que simular aceptar los cánones morales, sociales, políticos, económicos e ideológicos para no hacerse sospechoso ante los órganos represivos y de control social establecidos por el gobierno. Dice ese académico de la vida llamado Don Matías Cantero: “En Cuba se parafrasea a René Descartes y para poder vivir se plantea: simulo…. luego existo”.

Si a los ideólogos al servicio de los gobernantes vitalicios de Cuba, no les queda otra salida que aceptar la existencia de este fenómeno en el seno de la sociedad nacional. Es porque la manifestación de hipocresía cívica, se transformó hace bastante tiempo en algo cotidiano que corroe a la inmensa mayoría de los ciudadanos residentes en la isla.

El periodista deportivo Normando Hernández Castro, comentó peyorativamente respecto a la reciente huida en Holanda del excelente y joven lanzador cubano zurdo del equipo de béisbol, Aroldi Chapman. En un espacio de la emisora provincial de radio de Villa Clara CMHW afirmó: “Aroldi Chapman se vendió y desertó por 30 monedas de oro”.

Fuera mejor que Hernández Castro le dijera a la fanaticada ávida de conocer, como les va a los peloteros que huyeron hacía las “Grandes Ligas de Béisbol”. Ese es su razón de ser ante el público que lo escucha, pues mezclar cuestiones políticas con asuntos atléticos, en todos los lugares y tiempos ha sido algo de muy mal gusto.

Es fructífero realizar una profunda investigación sincera, sobre las reales motivaciones que hacen a las mal llamadas deserciones algo cada día más frecuente. Hablar respecto a las condiciones de vida de los deportistas, como viven sus familiares y el futuro incierto que les espera, tras dejar de ser una rutilante estrella deportiva.

Normando es un profesional de la palabra, caracterizado por sus comentarios sobre juegos del deporte nacional cubano, trasmitir mensajes de adhesión total a la nomenclatura encabezada por los hermanos Fidel y Raúl Castro Ruz. Algunos dicen que es un propagandista político fidelista, que aparenta exponer actividades atléticas.

Muchos se quedaron a la espera de su arremetida “patriótica” y pro-castrista, cuando una de sus hijas decidió quedarse en España. Pues la vástaga del comunicador oficialista, fungía como psicóloga de la Federación Cubana de Voleibol (FCV) y constituía una persona de total confiabilidad política para los dirigentes máximos del deporte en el archipiélago.

¿Por qué a este Normando Hernández, no se le inflamaron los pulmones de aire y orgullo comunistas para criticar ante todos sus oyentes, la deserción de su pariente cercana? ¿Cuándo será capaz de desgarrarse las vestiduras supuestamente castristas y tener los suficientes arrestos éticos, para platicar sobre las escapadas de los hijos de altos cargos en la nomenclatura fidelista?

¿Tendría la cortesía de informarles a los radioescuchas de la CMHW, como recibe las remesas familiares capitalistas para festejar Año Nuevo, que le expide la desertora de su hijita? ¿Por qué no las reenvía a su consanguínea con una nota adjunta al cheque? Que dijera: “No quiero este dinero, por ser de la sociedad de consumo capitalista, que tanto odio”.

Dice Normando ser un empedernido fidelista y como casi todos ellos, es persona dicotómica, entre lo que a sus semejantes dice sentir y lo que realmente hace. Este buen aprendiz de adulador, se proyecta verbalmente ante sus conciudadanos como un austero y sacrificado “revolucionario”, mientras en la intimidad de su vivienda es tan capitalista como Henry Ford.

Ser un farsante en la anormal sociedad antidemocrática cubana, es una necesidad impuesta por la anacrónica falta de libertad reinante. El comentarista deportivo Normando Hernández Castro lejos de ser una excepción, es la regla, porque en la empobrecida Cuba, hace 50 años, para vivir por encima de la media de la ciudadanía, es necesario ser maestro de la falacia.


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