jueves, 23 de julio de 2009

ROJO UNA SOLA VEZ…., Feliberto Pérez Del Sol.

Sakenaff, Santa Clara, Villa Clara, 23 de julio del 2009 (FDC). El pasado domingo 14 de junio, el periódico oficialista Juventud Rebelde, Sección Opinión, publicó un artículo del periodista José Alejandro Rodríguez, titulado: “No, Jefe”. Donde se lee: “La necesidad de ser sincero y arrastrar el criterio propio con valentía y limpieza, aun cuando no fuera este el predominante o quebrara el consenso.”

En el segundo párrafo escribió: “El asunto se las trae, porque la experiencia histórica de la Revolución, complejizó las relaciones individuo-colectividad y tergiversó en ciertos casos los principios de la democracia socialista, los cuales alimentan los estatutos del Partido Comunista de Cuba y la Constitución de la Republica”.

Continuó el articulista: “…lamentablemente en tantos años de vida política en el país, se ha falseado el sentido de lealtad revolucionario en no pocos sitios o momentos, reduciéndola a una obediencia ciega y sorda, al aplauso y la mímesis para ser aceptados. A la desproblematización y el escondrijo, a la simulación y la doble moral.”

Dijo además: “Creo en la nobleza del socialismo, aunque no en todos los que la proclaman y vociferan…los que ven la devoción revolucionaria como oportunidad y escalan, enceguecen, ensordecen, aplauden y terminan por cultivar la adiposis de la genuflexión… hay muchos extremistas y oportunistas que cercenaron la palabra ajena”.

Concluyó José Alejandro: “…la Revolución permanece, por sobre nuestras sinceridades o camuflajes, más allá de que alguien premie la adulonería como incondicionalidad o condene al combativo como hereje. Lo que deberíamos aprovechar es la oportunidad de no seguir dándonos con la misma piedra”.

Rodríguez parece de pronto todo un periodista independiente, pero este es ambiguo al redactar su texto. Porque fue la Revolución Cubana y sus gobernantes, llámense Fidel, Raúl o el fallecido Ché Guevara quienes condenaron, no precisamente de palabra, a los que alguna vez fueron sinceros y arrastraron el criterio propio con valentía y limpieza.

Fue “cantinflista” por parte de José Alejandro no culpar al proceso político iniciado en Cuba, en 1959, o a sus condicionados acólitos de falsear la lealtad revolucionaria. Ambos factores se exigieron bien temprano obediencia ciega y sorda. Hubo que aplaudir, imitar, no opinar personalmente y practicar una doble moral para ser aceptado.

Es fácil decir en este momento de desmembramiento político-social: “…no creer en todos los que proclaman y vociferan la nobleza del socialismo”, sin atreverse a mencionar sus nombres. Cuando los aparatos del régimen actual eliminaron a algunos de los suyos y encima se hace leña del árbol caído, lo que hace aumente el oportunismo.

Si alguien premió la adulonería como incondicionalidad o condenó al combativo como heterodoxo fueron los inquisidores de la palabra. Ellos, los castristas, con sus métodos de terror sobre las mentes y el cuerpo, le robaron al cubano su forma de pensar y si esta era distinta le negaron su plato de lentejas.

Lo planteado por José Alejandro Rodríguez, nos da una imagen, aunque a medias, de que no tenemos la obligación de aceptar algo que no nos apetece. Es lógico sentir miedo, sobre todo si toda la vida te han dicho, lo que debes hacer o decir. El valor está en superarlo, porque uno debe ponerse rojo una sola vez y no rosadito todos los días.


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