jueves, 23 de julio de 2009

SANTA CLARA, SEGUNDO CENTENARIO, Feliberto Pérez Del Sol.



Sakenaff, Santa Clara, Villa Clara, 23 de julio del 2009 (FDC). Santa Clara para finales del siglo XVIII fue capaz de tener una producción de trigo considerada importante. Las cosechas abastecían a toda la población, vendiéndose el resto a La Habana y a otras ciudades, para ello existían 40 molinos de los cuales quedan restos de uno en las calles Nazareno y Ciclón.

La ciudad aumento sus límites urbanísticos y comenzó a traspasar el umbral de los ríos, sobre todo el del Bélico. Ya en 1811, ambas orillas del mencionado rió estaban prácticamente pobladas y los asentamientos continuaban hacia las sabanas del oeste. Lo que se conocía como El Camino a La Habana.

Figuras clericales ejercieron el magisterio en escuelas fundadas por esta época. El padre Hurtado de Mendoza creo La Escuela Pía, el 4 de julio de 1794, existente aun, en la calle Independencia esquina a Lorda, además estuvo a cargo de la del Hospicio de San Francisco en la Ermita de la Candelaria. En 1825 José Valdivia reabrió, en la Iglesia el Carmen, la escuela de Primeras Letras.

Continuó la construcción de centros dedicados a cultos religiosos, esta vez en el barrio llamado la Tanoya, bastante al sur del centro de la villa. En 1827 se inauguro la parroquia Maria Madre del Divino Pastor, hoy conocida como La Pastora, con el objetivo de dar impulso social a esta parte de la ciudad.

Para 1827, la población de la villa era 8. 535 habitantes, la novena de la isla, existían además en esa época 1. 170 casas. Había así mismo cinco médicos y farmacias, con 26 tiendas de ropa, 8 herrerías, cuatro templos religiosos y tres escuelas. También se contaba con la presencia de 98 pulperías, 20 panaderías y cuatro fondas.

Las comunicaciones no gozaban de mucha inmediatez, ya que estas se realizaban con el resto del país, a través de caminos reales y vecinales. El correo entraba al pueblo una vez al mes y no es hasta 1832, que comenzó a recibirse con una frecuencia de tres. Para esta fecha ya circulaba el primer periódico local, “El Eco de Villa Clara”.

Los gobernantes de Santa clara se sentían orgullosos por el buen gusto practicado en su arquitectura, por ello en 1837, se prohibió techar de guano en el centro de la ciudad. Surgieron entonces las primeras edificaciones de dos y tres plantas con techos de azotea, estilo neoclásico que se adaptó de manera bastante temprana.

Varios fueron los poblados, que a pesar de pertenecer a la jurisdicción de Santa Clara, habían adquirido la condición de villa. A mediados del siglo XIX, se desmembró una parte de esta demarcación y la colonia Fernandina de Jagua se convirtió en la villa de Cienfuegos. En 1844, otro grupo se separo para formar la tenencia de gobierno en Sagua la Grande.

Un prestigioso grupo de santaclareños amantes de la independencia, la cultura y el progreso fundaron el Liceo de Villa Clara, para 1867. El centro fue considerado por las autoridades coloniales españolas como de franca conspiración y quedó demostrado al secundar los liceístas El Grito de Yara, pronunciándose en armas en Manicaragua, el 7 de febrero de 1869.

A medida que avanzó la lucha por la independencia de Cuba, fueron más los coterráneos en sumarse a la causa emancipadora. Durante la Constitución de Guaímaro, el 10 de abril de 1869, cinco de los 15 delegados a la convención constituyente fueron villareños: Miguel Gerónimo Gutiérrez, Arcadio García, Tranquilino Valdés, Antonio Lorda y Eduardo Machado Gómez.

El periodo entre guerras contra España, 1878 -1895, conocido como “EL Reposo Turbulento” fue en gran medida usado para construir obras colosales. Se creo por estas fechas el Asilo para Pobres, el teatro La Caridad y el primero de marzo de 1895, Santa Clara gozó de alumbrado público. Todo gracias a esa hija benefactora de esta tierra, llamada doña Marta Abreu de Estévez.

Se arriba al segundo centenario de una ciudad que se ha ganado para si, la admiración de sus pobladores y visitantes. Quines viven orgullosos de su historia, pero todos al recorrer sus calles y barrios, hoy destruidos, por la indolencia gubernamental, descubren que estas se encuentran sumidas en las ruinas como la inmensa mayoría de las poblaciones de la isla.

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