jueves, 30 de julio de 2009

UN EXTRAÑO CASO, Joaquín Cabezas De León.


La Ceiba, Camajuaní, Villa Clara, 30 de julio del 2009 (FDC). En el municipio de Camajuaní, provincia de Villa Clara, los productores de ajo viven, lo que ellos mismo denominan un extraño caso. No pueden vender sus producciones por los dictámenes absurdos de los organismos estatales encargados de comercializar o autorizar las ventas.

Esta zona agrícola tiene entre sus producciones más estimadas este cultivo, condimento muy cotizado en la cocina tradicional cubana. La cosecha del ajo consta de un periodo de 4 meses, entre la preparación de las tierras, siembra y recolección, que requieren de atenciones culturales intensivas, es uno de los procesos agrícolas más costosos en términos de utilización de fertilizantes, plaguicidas y otros insumos.

Requiere un considerable empleo de mano de obra, conocedora de los cuidados que demandan estas labores. Áreas pertenecientes a este término municipal como Aguada de Moya, Mochita, Purial, Guerrero y La Quinta se han especializado sus campesinos en estas tareas, con resultados muy positivos, si tenemos en cuenta que no posen el soporte productivo básico y el apoyo estatal.

El pasado año, el ajo se vendió con buenos precios y la Empresa de Acopio, la entidad estatal que hace el papel de comercializadora compro la inmensa mayoría de las producciones. A los productores privados pertenecientes a las Cooperativas de Crédito y Servicios (CCS), donde están “organizados” los campesinos desde el punto de vista productivo.

La delegación municipal del Ministerio de la Agricultura que junto a la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), rigen los destino del campesinado, autorizo a las CCS y sus miembros a comercializar el estimado condimento en otros rincones de la geografía insular. Medida que estimuló la siembra de dicho producto.

Este año, la política del estado con relación al ajo cambio, el precio del producto lo deprimieron considerablemente, no guarda relación con las derogaciones que tienen que realizar los campesinos para obtener sus producciones. La Empresa de Acopio hasta la fecha no ha comprado ajo por falta de liquidez, ni se les ha concedido permiso a los campesinos para comercializar sus producciones.

Esas cosechas languidecen a la espera que las instituciones gubernamentales compren o autoricen la venta del producto en otros lugares. Mientras los campesinos padecen de la incertidumbre por la situación de esta cosecha y sobretodo lo que ocurrirá con la próxima, pues nadie dentro de los dirigentes del estado tiene una respuesta racional.

A esto se ha unido la represión policial con los productores y a los que intentan de manera alternativa comercializarlo. Un ejemplo es el tren de Morón, que pasa por el paradero de La Quinta, donde se transportan grandes cantidades del condimento, el cual es víctima de operativos constantes de la gendarmería de Camajuaní, que ha decomisado grandes cantidades del producto.

Ramón, un veterano cosechero de ajo de La Quinta, manifestó: “Para que hablar de entregar tierra a los campesinos, si cuando uno trabaja duro para ganar dinero les molesta y comienzan los burócratas a crear obstáculos, es como el viejo refrán: ni comes ni dejas comer o mejor decir ni lo compras ni lo dejas vender, es como si los guajiros de Camajuaní estuvieran bloqueados por el estado cubano”.

Hasta la fecha, el extraño caso de los productores de ajo de Camajuaní no ha tenido solución por parte de un gobierno que articula en su discurso, como uno de sus objetivos estratégicos luchar por la seguridad alimentaria. ¿Por que no liberalizar a los agricultores nacionales y sobre todo a los alimentos que ellos producen? ¿Esta no sería la clave?

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