jueves, 9 de julio de 2009

REVOLUCION CON QUINQUÉ Rafael Pérez González

Parroquia, Santa Clara, Villa Clara, 4 de junio del 2009 (FDC). Al triunfo de La Revolución Cubana, en 1959, llegaba el fluido eléctrico a casi todos los núcleos poblacionales de importancia. Los apagones eran casi desconocidos y solo se presentaban por situaciones de emergencia como ciclones o accidentes.

En aquella época la “imperialista” Compañía Cubana de Electricidad era la que garantizaba este vital servicio para la ciudadanía y el sector empresarial, lo que incluía la reparación, mantenimiento y expansión. Esta entidad era la que realizaba las inversiones en el sector para servir al pueblo y obtener los beneficios.

Las tarifas de la época estimulaban el consumo eléctrico, así entre más usted gastara menor era el importe a pagar del mes. Posteriormente este “pulpo imperialista” fue nacionalizado y puesto al servicio de la población, con un dueño común, todos los que residían dentro de la isla, o sea el impersonal “Liborio”.

Con las nuevas inversiones en el país, casi todas provenientes del campo socialista europeo, se crearon nuevas fábricas, empresas. Además del incremento del número de habitantes por kilómetro cuadrado, acrecentó el consumo eléctrico, porque las tecnologías socialistas eran altamente consumidoras de combustibles.

Fue así como surgieron los pininos de apagones, que en un principio se achacaron a la deficiente generación capitalista heredada. Se construyeron las primeras grandes termoeléctricas en diferentes puntos del archipiélago. Estas inversiones durante un tiempo resolvieron el problema del déficit de fluido eléctrico.

Con el crecimiento en diferentes áreas, entre ellos el turismo, para el cual se fabricaron cientos de hoteles y la introducción de miles de aires acondicionados en la nueva red de tiendas post dolarización. Así como las miles de computadoras en las empresas, con su correspondiente climatización, elevó la disparidad entre oferta y demanda de electricidad.

La rotura de la Planta Guiteras en Matanzas, fue un hecho trascendental para los cubanos, la cual fue seguida por todos en las televisivas Mesas Redondas. Esto puso de manifiesto la vulnerabilidad del Sistema Electro-Energético Nacional y la necesidad urgente de reparación mantenimiento e inversión en nuevas plantas de ese tipo.

Entonces, llegó con aires triunfalistas la “Revolución energética” y aparecieron miles de Grupos Electrógenos, equipos diseñados para producir electricidad en casos de emergencia. Sin embargo, estos se usaron para generar, ello demandó la importación de combustible especial, pues estos medios a diferencia de las termoeléctricas, no funcionan con petróleo cubano.

Fidel dijo: “Con esta nueva Revolución Energética nunca más habrá apagones en Cuba”. Junto a esto se introdujeron en cada hogar cubano electrodomésticos, como ollas, cocinas y calentadores, los cuales gastan alrededor de 3600 wat y se eliminaron las formas tradicionales de cocinar con keroseno, petróleo y gas.

Sin cambiar el tendido eléctrico que data de muchos años, amén de los transformadores que no estaban calculados para este nuevo gasto. Aparece un aumento gigantesco en el consumo poblacional, el deterioro de la economía familiar y el costo de la electricidad fue realzado enormemente a la par de la nueva Revolución Energética.

El cubano de a pie conforme con sus nuevos equipos expresó: “Tendré que pagar más, pero sin apagones”. Hay un refrán criollo que dice: “La yagua que está pa´ uno no hay mula que se la coma”. Pronto empezaron los cortes de electricidad, ante el asombro de la población que llegó a pensar que de veras estos desaparecerían.

La justificación salomónica, según el periódico Granma es que no hay dinero para comprar petróleo y reducir el consumo. Ya están los apagones, a menos que aparezca el efectivo, se deben buscar los viejos quinqués, para no pasar las noches en tinieblas y prender los fogones cuando venga la corriente… y continuar a media luz, la construcción del socialismo.

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