jueves, 19 de noviembre de 2009

LA ENFERMEDAD DE CAPERUCITA I, Guillermo Fariñas Hernández.


La Chirusa, Santa Clara, Villa Clara, 29 de octubre del 2009 (FDC). A ninguno de los marginales jóvenes del barrio La Chirusa, les quedan dudas que los constantes llamados que hace el diario Granma, es el preludio de una nueva ola represiva contra ellos. Estas han sido recurrentes contra la denominada vagancia a lo largo de toda la Revolución Cubana.

También están concientes, según las memorias históricas de los vecinos más viejos, que tras las grandes represiones vienen olas migratorias. Como las acaecidas por los puertos de Camarioca, provincia Matanzas, en 1965, El Mariel, La Habana, en 1980 y la Base Naval de Guantánamo, en 1994. Pues piensan ellos: “…lo último que se pierde, es la esperanza”.

Existe una campaña represiva solapada y silenciosa, contra todos los ciudadanos de esta central capital provincial, que sean menores de 45 años, que en la jerga marginal se conoce como “El Peligro”. La cual no es más, que la aplicación de una sanción penal, por un delito todavía no cometido.

Y para vergüenza del Código Penal Cubano vigente, se recoge en él, con la rimbombante denominación jurídica de Peligrosidad Social Pre-Delictiva. Algo que solo se aplica a los ciudadanos de otros países en tiempos de guerra y con ciertas limitaciones legales, debido a que predominan allí verdaderos estados de derecho.

Ocurre hace unos meses un gran milagro entre los “chiruseros”. Estos sin presión alguna de la Trabajadora Social y mucho menos del cada día hosco, amenazante y prepotente Jefe de Sector de la Policía Nacional Revolucionaria, al que los muchachos del vecindario apodan a sus espaldas “El Mulo”, por si solos comenzaron a buscar trabajos en entidades del estado.

La inmensa parte de los hijos de La Chirusa recién contratados, fueron a parar a las brigadas de higienización de la Empresa de Servicios Comunales del municipio Santa Clara. Pero a pesar de los malos sueldos, el rudo y agotador trabajo, la falta de utensilios de labor y medios de protección física adecuados, parece que se sienten muy bien donde están ubicados

A aquellos que preguntan mucho sobre su cambio en sus actitudes y conductas, respecto a los bajos sueldos que devengan del estado castrista, sólo obtienen una frase lapidaria y críptica: “Que te explique Caperucita asere” y a continuación sonríen con una impenetrable picardía muy a la cubana.

Caperucita es un hombre flaco y hoy demasiado enfermo, que reside en la laberíntica cuartería semidestruida, que le da el nombre al barrio. Se caracteriza por caminar con muchas dificultades y de una forma demasiado aparatosa para pasar desapercibida, cada vez que da un paso su boca refleja un dolor insoportable.

Es que el denominado Caperucita, padece de unas callosidades plantarías en sus enfermos pies, por eso es que casi no puede ni andar. La Caperuza, como le dicen sus vecinos de más confianza, tiene ahora 55 años de edad, pero cualquiera se confunde y piensa que es un anciano de 65 a 70 abriles.

Las recurrentes prisiones lo han acabado físicamente, por estar “tanqueando”, modo popular de decir aquí encarcelado, desde los 12 años en los Centros de Reeducación de Menores del Ministerio del Interior. En Cuba a la cárcel se le dice “El Tanque” en el lenguaje de los presidiarios y ya se ha convertido en parte del idioma popular.

Aunque es un hombre de pelo en el medio del pecho y nunca nadie le ha sabido nada de tendencias homosexuales. Ese apodo tan femenino para un ex - delincuente tan famoso como él, le viene, porque siempre su fuerte dentro de los “fuera de la ley”, fue el asalto a personas y a casas habitadas.

Como manera de no ser identificado con mucha facilidad, por los siempre vigilantes chivatos de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), se ponía una camisa sobre la cabeza en forma de caperuza y así nadie lo podía reconocer. Después se buscó en un robo por Varadero un abrigo que traía una capucha incluida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada