jueves, 19 de noviembre de 2009

UN MODESTO MEMORANDUM, Feliberto Pérez Del Sol.


Sakenaff, Santa Clara, Villa Clara, 29 de octubre del 2009 (FDC). El intelectual Antonio Berenguer y Sed, graduado de abogado en la Universidad de Madrid y Néstor A. Palma, distinguido violinista, pianista, compositor y director de orquesta fueron los creadores del himno Villa Clara. El primero compuso el texto íntegro de dicha obra, por su parte, Palma escribió la partitura musical.

Berenguer y Sed, nació en Santa Clara, el 30 de abril de1864, cursó estudios en España, más tarde regresó a su localidad, donde se dedicó a jurista y consagró algún tiempo a la poesía. Asimismo colaboró con revistas y periódicos locales. Néstor, coterráneo suyo, estudió violín en París, con Jean D. Alard, además ofreció conciertos en varios teatros y centros culturales del país.

A pesar que el nombre de la melodía hace referencia a toda la región de igual designación, los santaclareños bien pronto la adoptaron como propia. Por ello, el mencionado binomio autoral prefirió que aquella composición, con tantas referencias a las bellezas naturales de su patria chica y el afecto a Doña Marta Abreu de Estévez, fuera estrenada en la ciudad de ambos.

La canción resultó compuesta, en 1895, con motivo de los festejos ofrecidos por el pueblo santaclareño a Abreu de Estévez, al haberle costeado e instalado esta el alumbrado eléctrico a la localidad. El texto apareció publicado junto a su música en el folleto “Homenaje”, el 21 de febrero, del propio año y estrenado siete días más tarde, en el Teatro “La Caridad”.

En el mismo, además de dedicarle todos los elogios posibles a Villa Clara, alude a la par su naturaleza, sus hijas, a la “…ilustre dama…” y algo de gran momento, la libertad. Aguzar los sentidos, pues las fechas escogidas para la divulgación y posterior estreno, enmarcan una de las más gloriosas de la isla, el 24 de febrero de 1895, el reinicio de la gesta emancipadora.

Como ha sucedido profusas veces, los humanos son capaces de crear obras musicales para adornar determinados momentos de la vida cultural de los pueblos, no obstante, con el fluir del tiempo es probable que estas caigan en la indiferencia. Morbos de esta índole ha soportado reiteradamente la tonada villaclareña, eso sí, por causa de los propios individuos.

Según indagaciones realizadas, sobre otras ocasiones en que halla sido interpretada la composición de marras, se sabe que formó parte del repertorio inaugural de la Orquesta Sinfónica de Las Villas. La cual, al ofrecer su primer concierto ante el público villareño, el 16 de febrero de 1941, en los salones de la Sociedad Cultural “El Liceo”, la incluyó en su muestrario.

Alejada de nuevo de los ambientes sonoros interpretativos o sea, a nivel de bandas o agrupaciones, la pieza volvió a conocer la omisión. Algunos solistas y poetas intentaron conservarla, para ello, se reunieron en tiernas tertulias, donde la declamaron con tal pasión, que pensaban así, atesorar al menos el conmovedor verso.

Tanta permanencia tuvo su fruto y Marta Abreu, “…Ángel del pobre y dama preclara”, al decir la lírica del autor, fue la inspiración nuevamente para escuchar la oda. El noviembre invernal de 1945, al cerebrase el centenario del natalicio de: “…la invicta matrona…”, fue la fecha escogida para una nueva interpretación.

Algo más de media centuria, tardó dicho canto en volver a presentarse por los predios del pueblo donde lo crearon. Rubén Urribarres, director de la Orquesta de Cámara de la Sinfónica de Las Villas, le hizo un arreglo y este se escuchó, ante la multitud reunida para ello, el 28 de enero del 2000, en el patio de La Casa de la Ciudad.

Hoy, hasta donde descendió este análisis, ni la Orquesta Sinfónica, ni la Banda Musical del territorio, lo tienen en su repertorio, olvido, que de existir, precisa corregirse prontamente por parte de las autoridades culturales. En cambio sirva este modesto memorándum, de los que casi nunca pueden opinar, al Himno Villa Clara y a sus creadores.

“A Villa Clara pueblo dichoso, nuestros cantos de amor entonemos, su bello nombre glorifiquemos. Su ameno campo, su cielo hermoso. Su ameno campo, su cielo hermoso. La patria noble de ilustre dama, que es un dechado de caridad. Patria que siempre mágica aún clama, la llama ardiente de libertad”, este verso suena hace 50 años… algo subversivo.

“Sus verdes campos y sus colinas, retratan ondas de ríos sutiles, sus hijas lucen bellos perfiles y cual de ángel y cual de ángel guiadas divinas. Gloria, gloria a Villa Clara, que es la patria de invicta matrona. Gloria a Marta que pueblo pregona, Ángel del pobre y dama preclara, Ángel del pobre y dama preclara”. Ahora no se quiere hablar de La Benefactora y si del Che Guevara.

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