jueves, 5 de noviembre de 2009

LA VIOLENCIA EN CUBA I, Carlos Valhuerdi Obregón.

Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 8 de octubre del 2009 (FDC). La Organización de Naciones Unidas ha declarado, el día 2 de octubre, como “Día Mundial de la No violencia”. Sin embargo el clima violento que se respira en Cuba va in creciendo, tanto en acciones como en palabras entre familias, vecinos, compañeros de trabajo y hasta con desconocidos.

Los insultos, las malas contestas, son el pan nuestro de cada día, al que deben enfrentarse los cubanos, hay una rabia contenida en cada uno, al más ligero roce hace que estalle. Las carencias materiales unidas a la impotencia, genera el miedo, no poder hablar y reclamar sus derechos hacen que todos estén exasperados.

Existe un odio contenido que se desborda injustificado contra aquellos sin culpa, pues padecen la misma situación. Las carestía de la vida, robos, insuficientes salarios, delaciones, miedos y temores que generan desconfianzas, han provocado que el cubano viva en una constante zozobra, sintiéndose enemigos entre sí.

Las familias dejan de hablarse, al igual que los vecinos y compañeros de trabajo, poniéndose en práctica la violencia psicológica que tanto lastra las relaciones interpersonales, los niños en las escuelas se agraden entre ellos, al igual contra los maestros, tanto verbal como físicamente. Al analizar lo ocurrido, se llega a la conclusión de que fue por algo sin importancia.

Varios son los casos en todo el país de hechos de sangre en los Institutos Pre Universitarios, Tecnológicos y demás centros internos, situaciones estas que por desgracia se suceden con marcada frecuencia. Los motivos igualmente nimios, pueden ir desde una palabra disonante, un hurto, una confidencia hasta un problema amoroso.

La violencia engendra violencia y este gobierno comunista instó a ella desde sus inicios, al hacer un poco de historia se puede recordar que el basamento principal de sus postulados es el odio y la lucha de clases. Monseñor Eduardo Boza Masvidal, Obispo Auxiliar de La Habana, último rector de la Universidad Católica de Villanueva, en carta, del 30 de octubre de 1960, los criticó.

En sus preclaras palabras el valiente prelado decía: “Enfrentar a los pobres contra los ricos, porque antes los ricos abusaban de los pobres, no es restablecer la justicia sino llevar la justicia al extremo opuesto. Lo cristiano es…que se hicieran el bien mutuamente y se amaran como hermanos”.

Con proféticas palabras seguidamente acotaba: “Los fatídicos gritos de ¡paredón! que desgraciadamente se incita a pronunciar al pueblo, respiran más odio y venganza que deseos de justicia. Terrible cosa es enseñar a un pueblo a odiar”. No se imaginaba este hombre de Dios, cuanta verdad contenían sus palabras y todo el dolor que se hubiese evitado de habérsele oído.

Boza Masvidal apuntaba: “Cuando se falta al reconocimiento de la dignidad de la persona humana y la libertad de los hijos de Dios, que le dio a cada hombre el derecho de pensar, de escribir, de hablar, de actuar, de tener iniciativas sin más limitaciones que el respeto a la ley moral y al derecho ajeno”.

Y añadía: “…cuando el control del Estado traspasa sus justos límites de ayuda y vigilancia y pasa a ser cada vez más absorbente y llega así hasta el control absoluto, se convierte entonces en una camisa de fuerza dentro de la cual el individuo se siente preso e incapaz de moverse por cuenta propia, convirtiéndose en una máquina, en una simple pieza del engranaje estatal”.

Argumentaba después: “Sometido así a una terrible y constante presión psicológica para imponerle una manera única de pensar y de actuar, sin que sea dable discrepar por el control absoluto de los medios de expresión y por las sanciones, empleadas contra el que tenga la audacia de hacerlo así”.(cf , Idem, E. Boza Masvidal).

Se le falta respeto a la fama y al buen nombre del prójimo con ataques sistemáticos a personas particulares, instituciones o a países que no responden a sus intereses, que son la manutención a toda costa del poder político. “Cuando se discute no hay que destruir al adversario sino sus argumentos. La persona del adversario debe ser inviolable”, añadía Boza Masvidal.

“El sistema de desprestigiar al enemigo, poner por los suelos públicamente su reputación y, con verdad o sin ella, hacer caer sobre él toda clase de insultos y de infamias, es típicamente comunista y está en abierta oposición con las enseñanzas del Evangelio, ...el que insulte a su hermano será reo de juicio, ...él que le llame estúpido que lo condene la asamblea… (Mt. 5)”.


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