jueves, 5 de noviembre de 2009

UN DESPERTAR DE LOS SINDICATOS. Ramón Jiménez Arencibia.

El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 8 de octubre del 2009. (FDC). El proceso revolucionario cubano en su marcha inexorable hacia un régimen totalitario, puso fin a la independencia de los sindicatos. La otrora Confederación, hoy Central de Trabajadores de Cuba (CTC), defendía los intereses de todos sus afiliados, respaldados estos en un Estado de Derecho

En la Convención Constituyente de 1940, el movimiento obrero tuvo su representación. La libre discusión de los temas relacionados con su más legitimas aspiraciones, alcanzaron consenso, que luego se plasmaron en la Carta Magna como parte del contenido de sus preceptos. La organización obrera obtenía su personalidad jurídica.

Las conquistas alcanzadas en la Asamblea Constituyente del pasado siglo, significo avances progresistas para la época. Derecho a la sindicalización, jornada semanal de 44 horas de trabajo equivalentes a 48 horas de salario, el descanso retribuido de un mes, los constituyentes le dieron rango constitucional a múltiples conquistas obreras.

Constituciones como las cubanas de principios y mediados del siglo XX, son ejemplos de referencia. No solo su objetivo principal era el de defender al pueblo contra las extralimitaciones autoritarias del gobierno, sino que en su articulado estaban incluidos preceptos protectores de la masa obrera.

Es por eso, que los trabajadores cubanos se convirtieron en los mayores defensores del orden institucional. En sus articulados se garantizaba, no solo las aspiraciones más sustanciales, sino que además les aseguraba plenas libertades cívicas, para el desenvolvimiento normal de sus organizaciones y gremios laborales.

Los conflictos inevitables que surgían entre los patronos y los obreros, se resolvían en el marco de la conciliación. El antiguo Ministerio del Trabajo efectuaba sesiones semanales, donde se discutían las reclamaciones y demandas, que hacían los asalariados a los empresarios nacionales y extranjeros.

Asistían a la mesa de negociaciones, la representación patronal y por los reclamantes los dirigentes sindicales. Todos los asuntos en litigio eran objeto de un amplio análisis, llegándose a consenso en la mayoría de las ocasiones. Además los obreros en caso de no solución, tenían un arma: la huelga.

No había espacios para albergar las corrientes marxistas-leninistas, que sacudían el mundo. Ellos si aprovechaban el clamor de las reclamaciones sociales para reformar el orden existente, sino destruirlo, no era mejorar las condiciones de vida, sino derribar el estado capitalista, la propiedad privada y la libre empresa. Esto es puro oportunismo político.

Así ocurrió en Cuba, como antes sucedió en Europa, Asia, además con la ayuda de las armas cubanas en países africanos. La revolución que inicialmente se proclamo Verde Olivo y lanzó al mundo la consigna: “Pan con Libertad y Libertad con Pan,” estableció un poder totalitario, y renegó de las frases anteriores.

Casi todas las conquistas sociales plasmadas en la constitución fueron abolidas. Para asegurar lo anterior, el gobierno necesitaba controlar el movimiento sindical, dispuso la expulsión de los opositores de la CTC, Muchos de sus dirigentes fueron perseguidos, encarcelados y otros obligados a tomar el camino del exilio.

Hoy, el sindicalismo cubano es una simple pieza de ajedrez, un mero peón en el tablero del gobierno castrista. El Partido Comunista de Cuba (PCC), es el que sustituye en la práctica a los máximos líderes de la organización obrera. A los trabajadores solo les queda aprobar los candidatos propuestos por el partido único.

Con el control sindical en sus manos, el gobierno de Castro eliminó un enemigo potencial. Incluso ha dejado de ser en este sistema, la locomotora de la historia, máxima impulsora de las fuerzas productivas, como la calificaban los teóricos comunistas. A la luz de la cruda realidad, se debe esperar un despertar de los sindicatos.

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