jueves, 19 de noviembre de 2009

LA ENFERMEDAD DE CAPERUCITA II y Final, Guillermo Fariñas Hernández.


La Chirusa, Santa Clara, Villa Clara, 5 de noviembre del 2009 (FDC). Le aconseja a los más jóvenes, que la vida sabe llevar recio a los hombres de respeto como él y la suerte no le ha sonreído mucho. No tiene familiares cercanos, porque entre los largos períodos en el tanque y las orgías cuando está en la calle, ya nadie quiere vivir junto a él.

Una única cosa que siempre ha querido, por sobre todas las otras en esta vida, es vivir en la ciudad de Las Vegas, para estar cercano al juego, la prostitución y demás vicios. No ha podido lograrlo y lo mira como un castigo divino, por haber lanzado sus santos afrocubanos a la calle, tras salir en libertad, hace muchos años.

Es una enfermiza obsesión con residir la “La Capital Mundial del Juego”. Para ello veía por televisión religiosamente todos los domingos, el gustado serial “En la escena del crimen” o CSI-Las Vegas. Cuando pasaron a trasmitir CSI-New York o CSI-Miami, los mira, pero sin pasión y ahora que proyectan todos los domingos el policiaco cubano “Tras la huella”…. lo apaga.

Les cuenta a los jóvenes, que cuando abrieron por la matancera Camarioca, él se encontraba en una cárcel para delincuentes menores de edad y su hoy ya enterrada madre, no se quiso ir, por no dejarlo atrás. Fue la mayor discrepancia, que siempre hubo entre “su pura”, progenitora en el argot marginal y Caperucita.

Pues, su madre se murió de cáncer encima de una cama del Hospital Viejo de Santa Clara, siempre reprochándoselo. Porque por su culpa se había tenido que disparar toda la película comunista de Fidel y no pudo ver cuando ponían la palabra “Fin” a este filme, que dura más de 50 años y poder ver por fin como encendían las luces, en ese gran cine que es Cuba.

Por desgracia, se introdujo a robar en la casa de un teniente coronel de Seguridad del Estado en 1977 y fue apresado a las 72 horas. Y en 1980, abrieron por el puerto habanero del Mariel y trataron de limpiar las prisiones de inadaptados sociales. Para enviárselos al “Manisero de Atlanta”, el presidente James Carter.

Pero existía una orden especial, dada por el asaltado oficial de la Policía Política, para que el grupo delincuencial que se atrevió a entrar en su residencia, no fuera dejado ir hacia los Estados Unidos de América. Y como Caperucita dice: “Me cogió la rueda… asere”. Paradójicamente este teniente coronel Marino Rodríguez, vive hoy de los dólares yanquis, que envía su hija.

En 1994, La Caperuza estaba preso en el penal de Manacas, por un delito de Hurto y Sacrificio de Ganado Mayor y esta vez el gobierno no abrió las rejas de las prisiones a los encarcelados. Los pocos días que duro esta apertura a la emigración a la desbandada, los tuvo que sufrir, pues Dios u Orula, esta vez tampoco le había dejado partir al “Yankee”,

Las únicas veces que estudió en el sistema de educación de los comunistas, fue entre condena y condena en las Escuelas de Idiomas de Santa Clara. Incluso dentro de las ergástulas siempre algo practicaba, para manejar perfectamente la lengua inglesa y así cuando arribara a la tierra de Washington, poder desarrollarse en “despelote” que según él, siempre hay en Las Vegas.

Hoy, ya perdió casi las esperanzas de morir y ser enterrado en el estado de Nevada, porque cree que mientras este Barack Obama en el Despacho Oval, este es demasiado inteligente para dejarse provocar con una nueva ola migratoria. Piensa que cuando salga el afronorteamericano de la Casa Blanca todo pudiera suceder, pero a lo mejor ya él…. no estará entre los vivos.

Por eso, aconseja a los muchachones en La Chirusa, que se acercan a él, a escuchar su inagotable anecdotario carcelario: “Moninas… pónganse a trabajar con el estado en cualquier cosa, para cuando abran hacía Miami, no estén presos por el peligro y no los coja como a mí, la enfermedad de Caperucita”.

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