jueves, 22 de octubre de 2009

EPÍSTOLA DE LA REDACCIÓN, No: 17


Entre los sentimientos más malsanos que podemos encontrar generalizadamente entre los cubanos tenemos al odio, aunque no se haga una encuesta al respecto, sin dudas ocupa una de los primeros puestos en la amplia gama de pasiones nacionales. Un sentir que será un gran obstáculo para lograr una auténtica reconciliación con justicia en una Cuba futura.

La imposición del odio es una cuestión histórica en todas las etapas de luchas nacionales, que ha padecido esta isla, desde que en 1492, arribaron los conquistadores españoles hasta los más cercanos movimientos políticos para alcanzar la liberación primero y la democracia después, de esto que se denomina República de Cuba.

Esa idiosincrasia española-africana que caracteriza a la población cubana, junto con algunos matices chinos, árabes y europeos conforma un verdadero mural de temperamentos personales, familiares y sociales. Y en general, se ha hecho demasiado énfasis en las narraciones por la independencia patria en actos de valentía, implican el ejercicio de la violencia.

Los siglos XVI y el XIX se suscitaron toda una serie de acontecimientos emancipatorios determinados por el ejercicio de actos violentos. Entre ellos tenemos a La Conspiración de los Rayos y las Estrellas, La Conspiración de la Escalera, La Guerra Grande, La Guerra Chiquita, La Guerra del 95.

A partir del pasado siglo XX, la generalidad de las luchas político-sociales se transformó en pujas violentas contra los adversarios. Ejemplos nos sobran La Guerrita de Agosto, El Alzamiento de la Chambelona, La Revolución del 33, El golpe de Estado de Fulgencio Batista, El Asalto al Cuartel Moncada y La Revolución de 1959.

En esta última etapa de la historia patria, en la ocupada por los acontecimientos alrededor de la Revolución Castrista, que ocupa la segunda mitad del siglo XX y casi una década del XXI, la violencia también ha sido una peculiaridad principal. A pesar que la generalidad de los opositores al castrismo actuales son no pacíficos y usan métodos no violentos.

Ahí se pudiera ejemplificar con los cruentos fusilamientos de los miembros del los órganos armados de la dictadura derrocada. Así como, La Explosión del vapor francés “La Cuobre”, La Batalla de Playa Girón (Big Bay), La lucha contra los guerrilleros anticomunistas del Escambray o La Creación Forzosa de los Pueblos Cautivos.

Para tiempos más cercanos en el tiempo y sobretodo desde comienzos de la los años 80, del pasado siglo. Se hacen inolvidables Los facistoides Actos de Repudio contra quienes deseaban salir del país, la creación de Las Brigadas de Respuesta Rápida, las generalizadas pateaduras contra los disidentes pacíficos que realizan actividades en la vía pública.

Cualquier conducta violenta desde el punto de vista psicológico es la manifestación conductual del odio como sentimiento. Cuba está conformada y habitada por personas que tienen en sus inescrutables conciencias disímiles posiciones, con respecto a los que ejercen el poder y debido al terror implantado, unos simulan apoyar al sistema, mientras otros creen en el de verdad.

Un persistente odio con relación a sus compatriotas pudiera ser el mayor de los obstáculos, para lograr algún día una sociedad armónica y tolerante. No son pocos los que prefieren poner tierra de por medio, para ver el desenlace final de esta última etapa de la Revolución Cubana, ante el no muy descabellado presentimiento que la salida hacía la democracia sea sangrienta.

Todo esto unido a la necesidad de que quienes violaron la dignidad e integridad de sus compatriotas al ejercer como represores, no pueden aspirar a la impunidad ante sus inefables acciones. Fuera una actitud irresponsable de todos los compatriotas perdonar sin pedir cuentas, aunque estas solo sean cuentas morales y públicas.

Debemos tener la prioridad de equilibrar los sentimientos de odio con los de perdón, para que todos los cubanos que actuaron y murieron en esta batalla, aun no acabada, por la libertad de pensamiento no lo hayan hecho en vano. Es un deber de todo el que sienta a Cuba como patria, porque sino es así perderemos la armonía que necesita toda nación para existir.


FDC.

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