jueves, 29 de octubre de 2009

LA AÑORANZA POR LAS VITROLAS, Feliberto Pérez Del Sol.


Sakenaff, Santa Clara, Villa Clara, 8 de octubre del 2009 (FDC). Para nadie es un secreto que la música forma parte de lo cotidiano, a ella se recurre en todas las instancias de la existencia humana, desde el feliz nacimiento al triste partir. Esta se manifestó de manera inaugural en las primitivas danzas “Areitos”, practicadas por tainos y siboneyes en la Cuba precolombina.

Más cerca en el tiempo, existió un aparato que a todo lo largo de esta alegre isla deleitó e hizo furor entre oyentes y bailadores. Las vitrolas se fundieron al ambiente cultural cubano, desde las primeras décadas del pasado siglo XX, con tanta fuerza, que puede decirse que fueron integrantes del paisaje nacional.

Existieron en funciones hasta los primeros años de la Revolución Comunista, pero antes las hubo en cafés, bares, fondas y bodegas. Nunca se entendió porque hubo de prohibírseles, si al decir del musicólogo Cristóbal Díaz Ayala: “Eran…el cliente más importante de la industria disquera…”. Pues las mismas absorbían cerca de tres millones de discos de factura cubana.

Por aquellos años, muchos cantantes del patio como Orlando Contreras, Ñico Membiela, José Tejedor y otros, se hicieron muy populares con el invento introducido por la firma norteamericana RCA Víctor. Debieron sus éxitos a la denominada música “vitrolera”, aquella que abordaba temáticas cursis como infidelidades, desengaños u otras pasiones.

Como se planteó antes, las vitrolas se extendieron por los centros comerciales y a toda hora se dejaba escuchar de su interior un sentimental bolero, una graciosa guaracha o un famoso corrido mejicano. Estas melodías llenaron el vacío de muchas almas quejumbrosas, a la vez que fueron vías de expresión sentimental.

Los encargados de realizar una grabación a cualquier artista de la canción cubana, sea cual fuera el género ejercido por este, tenían en cuenta la aceptación del mismo por parte de los “vitroleros”. Jamás casa discográfica alguna se aventuró a tal empresa, sin haber realizado el mencionado sondeo de rutina.

El sello discográfico cubano “PANART”, surgido en 1944, llegó a producir medio millón de vinilos anuales y fue el primero en grabar un Cha-cha-cha. El tema afro fue también primicia en sus acetatos, bien representados esas veces por Merceditas Valdés y Celia Cruz, ambas acompañadas con tambores rituales afrocubanos.

Esta propia disquera difundió música navideña con villancicos cubanos, a la vez que inició una tendencia a la música culta con obras de Cervantes, Ardévol y Edgardo Martín, ejecutadas por La Orquesta Filarmónica de La Habana. La rumba más autentica se vió coronada en 1955, con la grabación de un disco de Los Muñequitos de Matanzas, con el sello “Puchito”.

Las Victor´s Talking Machine o las vitrolas, voz no recogida en el Pequeño Larousse, llegaron a ser unas 20 000, en el 1958 y jugaron un papel catalizador en las listas de éxitos. El Hit Parade del propio año, incluyó en los lugares de lujo y de modo descendente a Vicentico Valdés, Pedrito Junco y La Aragón con los temas “Añorado Encuentro”, “La Melladona” y “Cubita Cubera”.

Otros solistas que también triunfaron de manera arrolladora con idénticos textos, a través del referido medio sonoro fueron Frank Domínguez, Ela O´Farrill, Benny Moré y Adolfo Guzmán. Todos estos exponentes legaron éxitos que marcaron a una generación, la cual aún hoy, se ufana de haber sido participe de tales emociones.

Sin la idea de entrar en consideraciones de orden estético sobre la calidad de este producto, es cierto que la vitrola constituyó un símbolo de cultura popular. Baste solo decir que dichos equipos fueron voceros de la música popular, manifestación esta que tuvo gran peso en el ambiente folklórico cubano.

La música continúa su labor de alegrar los momentos, que se consideran grandes para el más común de los mortales. Aunque la misma a veces deba padecer la más absurda de las proscripciones, los creadores y propagadores no se amedrentan, como no lo hicieron hace quinientos años los aborígenes ante el terror español.

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