jueves, 29 de octubre de 2009

LAS INDISCRETAS, Guillermo Fariñas Hernández.


La Chirusa, Santa Clara, Villa Clara, 24 de septiembre del 2009 (FDC). Un efecto social de la paranoia y constante vigilancia entre conciudadanos cubanos, es la perenne violación de la intimidad personal. Cualquier hijo de vecino se ve en derecho de preguntar a quien reside en su vecindario, por temas de total incumbencia personal.

A esto contribuyó grandemente la creación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), en el mes de septiembre de 1960, del ya lejano siglo XX. Con esta organización se creó una auténtica cultural de la indagación en la vida de los demás.

Estos mecanismos de espionaje cuadra por cuadra, jugaron un rol importante al lograr cohesionar a los seguidores del castrismo durante los primeros años de la Revolución Cubana. Pues, a través de ellos se desmantelaron no pocos planes de resistencia violenta contra el gobierno comunista en el poder.

Tras el escape masivo por el puerto habanero del Mariel, en 1980, de una manera lenta pero sostenida estos mecanismos de escrutación social perdieron importancia. Y después de la caída estrepitosa del Muro de Berlín, que trajo el desmantelamiento del campo socialista europeo, la vigencia de los CDR menguó.

Los CDR no fueron desmantelados como solicitaba la mayor parte de la población nacional, por su demostrada obsolencia en la nueva etapa histórica de construcción del socialismo tropical en el archipiélago. Sin lugar a dudas, las satánicas mentalidades de la dirigencia fidelista les deparaban nuevos objetivos.

Hoy dentro de la tierra cubana, los CDR poseen el rol inefable pero indiscutible, de catalizar la envidia de vecino a vecino. Porque el mismo gobierno ha propiciado la prosperidad económica de unos pocos, mientras le asegura la pobreza a la mayoría de la ciudadanía.

Muchos cubanos en estos momentos delatan a sus semejantes más cercanos, no precisamente por convicciones ideológico-políticas. Al contrario confiesan públicamente y con desparpajo: “Claro que lo chivateo y bien, si en un final él está gozando la papeleta con dólares y yo me estoy comiendo un cable”.

Cual fenómeno les choca a aquellos nacionales, que han pasado varios años de su vida fuera de Cuba, es que les fastidia la persistente indagación de personas en el sitio de residencia de los familiares que vinieron a visitar. Para los recién arribados, es una molestia que al regresar los vecinos los interroguen de un modo abierto sobre las compras hechas.

Miguel Ángel, un santaclareño que vive en Barcelona, España, opinó respecto a este modo de chismear sus coterráneos: “De verdad que es sumamente molesto salir de casa de tus padres o regresar a ella y que los vecinos sin la más mínima educación te pregunten con indiscreción ¿Qué comprastes hoy? e inmediatamente miran dentro de la bolsa”.

Para las autoridades totalitarias de la isla y sus acólitos no puede respetarse el derecho a la vida personal, porque sería una forma de aceptar la libertad personal de los sujetos que conforman a esta sociedad. De ser así, todos los vigilados fueran un poco más libres. Miguel Ángel con una ironía catalana-cubana dice: “Las indiscretas son las jabas”.



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