jueves, 22 de octubre de 2009

LLOVER, SOBRE LO MOJADO, Ramón Jiménez Arencibia.


El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 10 de septiembre del 2009 (FDC). Todos los años constituye una costumbre, que al inicio de las sesiones de un período extraordinario de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el gobierno cubano, a través de su Ministerio de Relaciones Exteriores presente una demanda. Para que cese el bloque, económico, comercial y financiero que se ejerce sobre la isla.

El régimen pide una enorme indemnización por los daños y perjuicios causados a la economía. Además incluye en el documento una amplia relación de actos calificados de terroristas, que han cobrado cientos de vidas humanas, por la que se exige una reparación monetaria a familiares de las victimas.

Embargo o bloqueo, términos estos que están en discusión y por definir, si lo es que aplica el gobierno de los Estados Unidos de América como una cosa u otra. En el caso de Cuba lo que determina la magnitud del mismo, es la ineficiencia del estado socialista-paternalista en la dirección de la economía nacional.

Los economista más objetivos y estudiosos de la economía mundial han llegado a la conclusión, que lo ejecutado contra la nación es un embargo y no un bloqueo. Esto último ha servido de justificación a los comunistas del patio, para explicar los constantes descalabros en la esfera económica.

A finales de la década de los años 60 y principios de los 70, del pasado siglo XX, otra era la retórica utilizada por la elite gobernante en el campo económico. La presencia de la Unión Soviética y de sus países satélites en el sostenimiento del naciente sistema totalitario, moldeaban las aristas de este sistema.

Como buenos alumnos los castristas aprendieron las recomendaciones de sus maestros y comenzaron aplicar desde aquellos años los principios del leninismo a la economía nacional. Posesión y dominio por parte del estado de todos los medios de producción, el control del comercio interior y exterior, así como la colectivización de la agricultura.

A pesar de las enormes subvenciones de los soviéticos y los demás países socialistas de Europa del Este, en el marco de la Guerra Fría, no pudo detener el descalabro acelerado en que se precipitaba la economía nacional. Todo por culpa de la nacionalización de los medios de producción, puestos en manos del estado totalitario.

Cientos de planes se elaboraron para eliminar el monocultivo, aún con aumento de la producción azucarera. En forma acelerada se impulsó el cultivo del algodón, la producción de arroz, papas, frijoles, verduras. Se proyectó incrementar la cría de pollos con pienso adquirido en el exterior o los elementos para fabricarlos en Cuba.

Todo esto fue pura ilusión, la irracionalidad económica prevaleciente condujo al enorme despilfarro de recursos, que desvaneció como la espuma el monto de los subsidios. Una falsa y errónea interpretación del internacionalismo proletario condujo a este gran desastre histórico. Hoy todavía culpan a los demás por los errores de la elite dirigente.

En el documento dirigido al Secretario General de la ONU, el diplomático surcoreano Ban Ki Moon, se llama una vez más a los representantes de los países miembros de ese organismo mundial, a apoyar la propuesta de Cuba. Para que cese “el bloqueo económico”, que por más de 45 años aplica ese gobierno contra la isla.

Es una realidad inobjetable, como afirma el economista independiente Oscar Espinosa Chepe: “Que la ausencia de intercambios económicos y comerciales con los Estados Unidos de América representa un obstáculo para su desarrollo”. Sin embargo, según Chepe, la causa de la crisis y el deterioro de los valores espirituales residen en el sistema totalitario.

Si parafraseásemos a Chepe, las autoridades de La Habana deberían calcular las pérdidas ocasionadas por el tozudo mantenimiento de un modelo económico, político, social inhibido de la iniciativa y creatividad de sus ciudadanos. Que ha constituido una barrera infranqueable para el avance de las fuerzas productivas, lo demás…. es llover sobre lo mojado.



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