jueves, 17 de diciembre de 2009

COINCIDENCIA REAL, Clara Pérez Gómez.


Camajuaní, Villa Clara, 10 de diciembre de 2009. (FDC). Contaba una trabajadora social, formada en el marco de la propagandizada Batalla de Ideas y quien por su corta edad no vivió las tragedias de los primeros llamados a formar parte de las filas del vanaglorioso internacionalismo. La casual coincidencia de opiniones al respecto, de cubanos que son catalogados como tales, aunque existen dos tipos de internacionalistas.

Según ella, ya había escuchado comentarios sobre el tema en boca de familiares, que perdieron algún ser querido en estas misiones, como suelen llamarles. Pero ahora, se encontraba en un coche de tracción animal, en dirección al mercado de “Buen Viaje” en Santa Clara y prestaba atención a la charla, que sostenían dos protagonistas de estas hazañas.

En vísperas del Ejercicio Estratégico Bastión - 2009, maniobra militar que se realiza cada tres años en Cuba, como parte de la preparación del pueblo para defenderse de su… ¿enemigo? Ellos que lógicamente forman parte de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC), fueron citados como siempre para la movilización a tales efectos.

Contaban sus proezas para lograr salir con vida de la guerra en Angola, donde fueron obligados a participar en el cumplimiento del tiempo reglamentado por el Servicio Militar Obligatorio. Y al regreso con solo un año de intervalo, debieron incorporarse de nuevo a esta tarea, esta vez enviados hacia Etiopia.

Ahora, se acuerdan de ellos únicamente para cobrarles la mensualidad de ACRC, que tienen que pagar como asociados o cuando hay alguna movilización. Porque a decir de estos, los hoy “verdaderos” internacionalistas y quienes tienen el mérito en sus bolsillos, son aquellos que en estos momentos van a esos países, solo para alcanzar una mejora de vida personal.

Los que se batieron bajo la metralla, sin comerla ni beberla, ya no cuentan para nada. Por eso, estos dos seres humanos, cubanos además, se negaron e insultaron verbalmente a los que se pararon en las puertas de sus respectivos hogares, a conminarlos a participar en estas maniobras militares.

Al día siguiente, esta misma muchacha viajaba desde Camajuaní para Santa Clara en un taxi estatal hacia su trabajo. En ese vehículo abordado de puro milagro, escuchó a una señora, que supuso fuera trabajadora del Ministerio de Salud Pública, la cual hubo de referir un sin fin de quejas devenidas de la indolencia reinante en Cuba.

Comenzó la charla con la frase: “En este país todo lo mal hecho se lo imputan al bloqueo norteamericano y somos nosotros mismos los que nos tenemos bloqueados”. Y continuó: ¿Qué tiene que ver el bloqueo con que los dirigentes utilicen los carros estatales para fines particulares y no miren al personal que se encuentra botado en la carretera?

Y prosiguió: “Hace dos horas, debió salir un ómnibus en esta dirección y no salió por falta de combustible, sin embargo en el tiempo que llevo tratando de embarcarme, han pasado en esa misma ruta alrededor de cinco majestuosos ómnibus destinados al turismo, sin llevar ningún personal a bordo y han seguido como si los nacionales no existiéramos”.

Comentario suficiente, para que toda la tripulación del taxi empezara a opinar, sobre todo lo malo que se hace en esta tierra. Allí se dijo, que hasta lo del golpe de estado contra Zelaya había sido una farsa, a lo que esta señora asintió, pues según ella conocía el sistema de ese país, porque había permanecido allí durante cinco años.

Fue entonces, que vino a colación de nuevo el tema de las misiones internacionalistas, pues a decir de ella, había ejercido esta función cuando tenía 23 años, en aquella ocasión fue en Etiopia, donde si desafió el peligro. De ese tiempo solo guarda malos recuerdos y ningún beneficio desde el punto de vista material.

Sin embargo, ahora cuando cuenta 50 años, tiene al parecer su vida económica asegurada. Pues aunque el Estado se queda con la mayor parte de esos ingresos de estas labores en el exterior actualmente, las migajas reportan gran provecho en lo personal, a los nuevos internacionalistas y sus familiares, cual única manera de darle un nivel de vida decoroso a los nacionales.


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