jueves, 17 de diciembre de 2009

ENTONCES VENDRÁ LA NAVIDAD, Carlos Valhuerdi Obregón.


Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 10 de diciembre del 2009. (FDC). La Iglesia Católica y otros Cristianos Separados, celebran ahora el Tiempo Litúrgico del Adviento, palabra latina que quiere decir venida, espera de su Señor y Libertador: Jesucristo. El pueblo cubano a pesar del sufrimiento y la represión gubernamental, también vive un adviento, pues los signos de los tiempos indican, que su liberación cada día se halla más próxima.

Cristo que vino, viene y vendrá. Vino en un momento dado de la historia, viene cada vez que se le invoca y en los Siete Sacramentos, pero también vendrá, al final, en su parusía, su segunda venida y en cada Navidad. Época de espera gozosa, confiada, pero aunque las vestiduras sacerdotales sean violeta, que indica penitencia, esta es menos rígida que la de la Cuaresma.

La Noche Buena es la víspera de la Fiesta de Navidad, celebración del nacimiento del Hijo del Altísimo, de Dios que se hizo hombre al nacer de una Virgen, en Belén hace 2009 años. Quizás un poco más, si tenemos en cuenta que el cómputo realizado, en el Siglo VI, por Dionisio el Exiguo, tuvo un error de 6 años.

No fue hasta el año 345, que la Iglesia incluye esta festividad en su calendario, influenciada por San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianceno, escogieron para la misma, el 25 de diciembre. Haciéndola coincidir con el Solsticio de Invierno en el Hemisferio Norte, a partir del mismo, las noches comienzan a decrecer y los días a crecer.

Motivo por el cual los romanos celebraban en esa fecha el nacimiento del dios Sol (Febo), fiesta del “Natalis solis invicti”, los cristianos desde el principio optaron por absorber las costumbres preexistentes, en vez de reprimirlas. Transformaron esta en el nacimiento de Cristo, “Nuevo Sol que Nace de lo Alto”, en la Edad Media se añadieron los nacimientos y los villancicos.

Hay una tradición que atribuye a San Francisco de Asís la invención del primer nacimiento, los villancicos, por su parte son cantos folclóricos de carácter profano, auque de contenido religioso, fundamentalmente navideño. Su asentimiento popular y alegría, hicieron que la Iglesia los consintiera, aunque fuera de la liturgia.

No fue hasta después del Concilio Vaticano II (1959-1965), que los villancicos se incluyeron en las misas, al aceptarse la lengua vernácula y los ritmos tradicionales de cada pueblo en la Sagrada Liturgia. Esto redundó en beneficio de la evangelización y la unidad con los demás cristianos, que desde su separación predicaron en el idioma de cada país.

El árbol navideño se remonta a los pueblos germanos del siglo XIX, razón por la cual la Iglesia católica, estuvo reticente a incluirlo dentro de sus templos, hasta hace bien poco, a pesar que gustó mucho. Prueba de ello es que se extendió desde un inicio, por todo el mundo y hasta por países no cristianos.

En Cuba, país de tradición cristiana, la Navidad fue arbitrariamente prohibida por el Máximo Dictador, en 1970 y no la volvió a permitir, hasta 1998, a instancias del Papa cuando visitó la isla. Con su desfachatez acostumbrada y un cinismo sin límites, lo justificó con la fracasada Zafra de los 10 Millones, mentira que no asombró a este pueblo, que se indigna al oírle decir una más.

Los arbolitos navideños, que en la misma Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se siguieron armando, con el nombre de Árbol de Fin de Año, aquí quedaron terminantemente prohibidos hasta en las casas, pues los chivatos de los Comités de Defensa de la Revolución se inmiscuían en eso. Empezaron a permitirlos, después de la entrada del turismo, pero solo en hoteles.

La cena de Noche Buena, de tanto arraigo popular en el cubano, es mejor ni mencionarla, aquí la familia ya no se puede reunir: unos becados, otros en el extranjero y aunque Juan Pablo II logró, volvieran a dar feriado el 25, algunos directores hacen cambios a su antojo, trasfiriéndolo para cuando les convenga. Además ¿Qué encontrarás para cenar cuando no tienes dinero ni alimentos?

Es verdad que La Navidad no es solo eso, aunque en la actualidad esta sea una fiesta más profana que religiosa, se ha perdido el sentido real de ella. El Gran Misterio del Amor de Dios, que por salvar a los hombres, viene a compartir nuestra naturaleza, haciéndose semejante a los humanos en todo, excepto en el pecado, es la fiesta de la fraternidad humana y de la concordia.

En Cuba, donde impera un régimen totalitario, desde hace medio siglo, de qué fraternidad podemos hablar, una dictadura que ha sembrado odio, violencia y división ¿Qué concordia puede haber? Cuando sus dirigentes se obstinan, en no dialogar, en no realizar los añorados cambios que tanto les pide el pueblo, al que le han pisoteado sus derechos.

Es hora ya de una reconciliación nacional entre todos los cubanos, los de adentro y del exilio, el cambio viene aunque los “tiranosaurios” quieran impedirlo, este pueblo sufrido está listo para el mismo, con sus bocas amordazadas, por el miedo, lo pide a gritos. Cristo es el único Señor de la Historia, sabrá como conducirlo, para evitar males mayores.

Si el cambio viene violento, habrá sangre y rencores. Si los que ostentan el poder, actúan con inteligencia, aceptan el diálogo fraterno, sin imposiciones, atienden a la realidad histórica, responsablemente, con deseo sincero de bienestar para Cuba y sus hijos, se llegará a un consenso según Martí: “con todos y para el bien de todos”. Entonces los cubanos tendrán Navidad.

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