jueves, 3 de diciembre de 2009

LAS JINETERAS HEDONISTAS, Guillermo Fariñas Hernández.


La Chirusa, Santa Clara, Villa Clara, 12 de noviembre del 2009 (FDC). A los cubanos y especialmente a las cubanas, les encantan los placeres de esta vida terrenal, la cual viven con un porvenir incierto. Aquellas nacionales que hacen ejercicio del meretricio, son también hijas de esta tierra y les gusta disfrutar de los deleites materiales y espirituales de esa dura existencia.

Varias generaciones de compatriotas, tanto masculinos como femeninos, no pudieron y en algunos casos no han podido disfrutar de los placeres de esta terráquea supervivencia. Entre estos restringidos goces, están aquellos, considerados diversionismo ideológico en las primeras décadas del triunfo, de la hoy todavía denominada Revolución Cubana.

Toda una serie de necesidades materiales y espirituales tuvieron que ser pospuestas, durante años y años al entender los “comisarios políticos” del régimen, que estas resultarían nocivas para la posterior construcción del socialismo. Ello dependió en muchos casos de los prejuicios personales de los dirigentes arribados al poder político.

Se tienen numerosos ejemplos de lo aquí afirmado, como la prohibición de escuchar y trasmitir música en lengua inglesa, el encarcelamiento de los jóvenes por portar el cabello largo y el uso de ropas con propaganda escrita en ingles. Además la insoportable homofobia que encarceló a muchos inocentes y la intolerancia a todo lo proveniente del extranjero capitalista.

Estas actitudes de quienes dirigían el proceso comunista en la isla, lograron modelar por mucho tiempo, siempre mediante la imitación y el terror del estado totalitario, las posturas social y políticamente aceptadas. Dentro de las muchas profesiones supuestamente tenidas como intolerables para el sistema castrista, oficialmente estuvo el ejercer la prostitución.

Las autoridades pertinentes se hicieron de la vista gorda ante algunos grupos de meretrices, por su importancia operativa para las muchas líneas en el Ministerio del Interior. Ellas fueron sobrellevadas como único modo lograr espiar y trasmitir información sobre los visitantes foráneos.

En este archipiélago a todas las personas que desean acogerse a las delicias de este mundo, se les conoce a vox populi por el marginal término de “vaciladoras”. Estas se caracterizan por sobreponer cualquier deleite vivencial inmediato, por encima de los publicitados sacrificios para continuar por la senda del comunismo.

Con la apertura masiva al turismo de países no socialistas, a partir de la mitad de los años 90 del pasado Siglo XX. El solicitado espíritu de abnegación a los residentes en la isla-prisión, se ha observado que decayó en mucho, puesto que ante la incertidumbre del futuro político de Cuba, casi todos optan por vivir cada día, como si este fuera el último.

Influidas por este sentimiento social, han aparecido un grupo de meretrices que no poseen una situación económica tan precaria, como si tienen otras de su profesión. Estas se pudieran calificar de “hijitas de papa”, porque acceden a los capitalistas dólares y euros, pues sus familiares califican entre los que residen o trabajan en el extranjero.

Y cuando se exploran las reales motivaciones del ejercicio del sexo rentado por estas féminas, unos sorprendidos investigadores arriban a las conclusiones, que ellas están tras el placer esencialmente. Sus acciones eróticas de alquilaje van encaminadas desafiar a la oficialmente establecida moral socialista.

Precisamente, es en la mitología griega, donde aparece el personaje del Dios Hedón, quien era el responsable de proporcionar todos los placeres en el mítico Olimpo. Estas prostitutas que se entregan a los visitantes forasteros por monedas libremente convertibles y que necesitan en primer sitio satisfacerse con prohibidos goces, son las nuevas jineteras hedonistas.

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