jueves, 17 de diciembre de 2009

INCONGRUENTE PROCEDER, Félix Reyes Gutiérrez.

Ranchuelo, Villa Clara, 10 de diciembre del 2009 (FDC). Los 50 años de castrismo han devenido para la población de la isla en una sobredosis de café, cigarrillos y alcohol. Productos altamente nocivos para la salud de los hombres y las mujeres, siempre presentes en la red comercial nacional.

A diferencia de los alimentos de primera necesidad, como carnes, leche, yogurt, queso, vegetales y granos, el café se distribuye de manera racionada, a través de las bodegas, sin mucha demora para la ciudadanía. Es harto conocido por la cúpula en el poder, que la inmensa mayoría de los cubanos son adictos a dicha infusión.

El gobierno lo facilita en la canasta básica mensualmente, porque su consumo es costumbre en la población cubana, desde temprano en la mañana e indistintamente durante todo el día. Además la generalidad de las madres mezcla la leche con café y se lo suministran a los chicos en el desayuno, antes de partir a los colegios.

En las empresas estatales, el producto se oferta en los merenderos casi a diario. Cuando está deficitario, los trabajadores lo compran en los establecimientos del estado o lo adquieren de forma ilegal, siempre mediante el mercado sumergible. Por lo general este polvo está mezclado con granos chícharos.

Cigarrillos con las marcas Criollos, Popular, Titanes, Hollywood y H Unmap, están al alcance de la población. Son expuestos permanentemente en los puntos de venta, a todo lo largo y ancho del país, para que a estos no les falten. La producción nunca se detiene y los fumadores aumentan por día.

Los tabaquillos que se fabrican para el consumo nacional, contrario a los que se expenden en mercados en moneda convertible y con destino a la exportación, carecen de boquillas con filtro, toda una burla a las normas de salud mundial. Lo cual conlleva a afectaciones bronquio – respiratorias en los fumadores habituales.

Utilizar en el proceso productivo combinaciones de tabaco, que jamás se utilizaron antaño, ocasionan a la producción terminada una consistencia dura del producto y hasta palillos del tabaco, piedras u otras materias extrañas en su interior. Sin embargo, los fumadores no frenan la absorción y despido de humo.

Clausurar una fábrica de cigarrillos, sería en última instancia. La parada de la empresa “Ramiro Lavandero”, de la localidad, durante dos días, en octubre pasado, por el sobreconsumo de combustible, fue un aborto de la naturaleza, según expresaron sus trabajadores. Es la primera vez, durante el medio siglo de castrismo, que cesa por dicha causa.

Procedimiento similar se aplica con la distribución de bebidas alcohólicas. La fábrica productora de cervezas “Antonio Díaz Santana” del municipio Santo Domingo, en Villa Clara, ha presentado roturas en varias ocasiones. Paradójicamente, el abasto de rones y cervezas a áreas de recreo de la región no se contiene, las surten desde provincias vecinas, por solo citar un ejemplo.

Jóvenes de diversas edades y sexos, faltan a clases por consumir alcohol. Por igual motivo personas de edades más avanzadas no trabajan. Ya embriagados, unos dan tumbos por las calles, crean pleitos en el medio familiar o participan en riñas públicas, otros, se echan a dormir en aceras y contenes, tanto en horario diurno como nocturno.

Hoy día, un sinnúmero de pobladores toman café, inhalan cigarrillos e ingieren bebidas alcohólicas en lugares públicos como bares, cafeterías, comercios, discotecas y paradas de ómnibus, cual forma de mantenerse alucinados y evadir la triste realidad que los circunda. Un incongruente proceder que favorece la estancia del castrismo en el poder.




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