jueves, 17 de diciembre de 2009

LOS GORILAS CASTRISTAS, Feliberto Pérez Del Sol.

Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 10 de diciembre de 2009 (FDC). Los gorilas castristas, cual guardia petroriana, continúan con el viejo habito de andar y actuar en manadas. De esta ancestral forma, se cubren unos a otros los atropellos que cometen y en caso de intentar alguna querella contra ellos, resulta imposible sentarlos en el banquillo de los acusados.

Durante el último medio siglo, la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), se ha encargado de someter por la fuerza, a cuanto cubano le haya exigido algún derecho. Así, han practicado la imposición de multas, solo por estar en cualquier parque, acompañado de un embase plástico de ron concluido ó usar ropa supuestamente “amoral”.

El referido proceder fue llevado a cabo, por esos “hombres de azules” que detentan inmunidades, privilegios y pagas especiales. El pasado día 6, se enfurecieron contra varios santaclareños, esta vez, con un grupo de amantes de la música rock, que hacía su tradicional tertulia en el parque “Leoncio Vidal” y otro colectivo en el mismo sitio, formado por homosexuales.

Rodelio López- Silvero Moya, vecino de Carretera del Acueducto Km-1 # 135 en esta ciudad, contó a este reportero: “Pasadas la 1: 00 a.m., se nos acercaron varios miembros de la policía, que bruscamente nos dijeron, que no podíamos consumir alcohol allí. De nada sirvió que le dijéramos que el pomo no contenía nada, igual nos obligaron a subir a un carro- jaula…”.

Continuo López-Silvero: “Estuvimos alrededor de una hora, dentro de un microbús de la era soviética modelo Waz con número 859, desde el cual escuchamos los golpes, que le propinaron a un colega que acababan de liberar. En el interior de la misma los gays, contaron que a ellos los habían detenidos, por que iban vestidos de travestí…”.

Y prosiguió: “Cuando mencionaron mi nombre instándome a bajar, presentí una golpiza para mí también, pero no, a mí me “tocó” una multa, la cual, por supuesto pregunte el porqué. Un gendarme sin el número de su chapilla se me abalanzó al instante y me dijo entre manoteos, te pongo la multa porque me da la gana, porque aquí yo soy la ley, así que te pierdes…”.

“Espere que soltaran a José Miguel Gómez, alias “El Kissiano”, radicado en Calle 1ª # 6 del Reparto Virginia, multado igualmente que yo, con 30 pesos y tres días para reclamar. Les dijimos a los policías que nosotros éramos libres y que nos íbamos a quedar allí hasta que quisiéramos, pasado un tiempo ya estaba aburrido el parque, así que al rato nos fuimos…”, comentó Moya.

Indignado como estaba Rodelio, decidió pasar por la Tercera Unidad de la PNR, situada en la calle Colón y quejarse del trato incompetente de los uniformados. En la comisaría le atendireron de forma profesional, estilo que debe predominar, pero le dijeron: “Que ellos no podían hacer nada, que debía ir a la Unidad de Infantería” y hacia ella se dirigió, ya cerca de las 3 a.m.

Se halla esta, en la calle Celestina Quintero entre Carretera Central y Caridad, aquí esperaba recibir respuesta a tanta insolencia y prepotencia policial. Tamaña sorpresa se llevó al llegar al cuartel, pues del mismo salió, el militar que horas antes lo había agraviado y a empujones le hecho fuera, mientras le dijo: “Piérdete de aquí ó te voy a meter preso”, concluyó el injuriado.

En este caso, el aparato represivo militar parapetado bajo la dinastía de los hermanos Castro, ejerce con total ilegalidad, a la vez, de no respetar sus propias leyes. Violan los mismos derechos, que dicen estos sátrapas parientes defender y por los cuales, según su decir, están dispuestos a hundirse en el fango, aunque tras ellos arrastren a todo el pueblo cubano.

Lo sucedido aquella aciaga madrugada, demuestra la persistente intolerancia del sistema comunista hacia sectores poblacionales, ya de por si marginados desde la esfera oficial. Este tipo de represión no es nada nuevo ni mucho menos selectivo, cualquier compatriota puede ser víctima de semejante vejamen.

Algún día, todo será distinto para los habitantes de La Mayor de las Antillas, se respetaran las actitudes ajenas, aunque los viejos milicianos no entiendan ni media palabra. Eso si, estos últimos deberán al menos ofrecer una monumental disculpa, por tanto daño perpetrado contra paisanos, que su único delito fue ser exteriormente distintos.

Por ahora, continuará la policía con abusos de poderes de este tipo, que como ya es costumbre solo quedan en el recuerdo del ofendido. Este último, no encontró más salida a la perenne situación de injusticia existente en la isla, que acudir a un medio noticioso independiente, con el fin de usarlo como estrado, desde donde acusar a esta manada de súbditos.

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