jueves, 3 de diciembre de 2009

POSICIONES EQUIVOCADAS, Ramón Jiménez Arencibia.


El Condado, Santa Clara Villa Clara, 12 de noviembre del 2009 (FDC). Es atributo de los enemigos del progreso, de la democracia y libertad de los pueblos asumir posiciones equivocadas. Lamentablemente, también los que luchan por establecer estados democráticos, cometen graves errores al tomar decisiones, que prolongan por mucho más tiempo las penalidades de los pueblos.

No todas las acciones que se realizan contribuyen a acelerar el momento tan ansiado del cambio, en ocasiones inspirados en la mejor buena fe y en los sentimientos patrióticos más arraigados. Los luchadores por la democracia en Cuba, sin quererlo, se aíslan del resto de la población.

El pueblo puede estar un tiempo equivocado, como lo estuvieron la mayor parte de los cubanos en los primeros años de la Revolución. Embriagados por las transformaciones que se anunciaban, como Reforma Agraria, Reforma Urbana, Libertad de Prensa, Elecciones Generales y Democráticas, cese de las persecuciones y el restablecimiento de la Constitución del 1940.

Esas promesas anunciadas en los primeros documentos programáticos del recién estrenado equipo gobernante, caló hondo en la conciencia de la ciudadanía. Muchos fueron los años vividos de frustración, donde la corrupción y el latrocinio, laceraron la conciencia del pueblo. Ese fue el camino abonado para el populismo.

La mayor parte de la población creyó durante años, en las profecías del Marxismo-Leninismo. Muchos luchadores por la libertad y el bienestar de la nación, abrazaron los presupuestos de esta teoría, donde se planteaba, que para terminar con el cuadro de miserias y desigualdades había que hacer revolución.

Fulgencio Batista y Zaldivar, derribó al gobierno de Carlos Prio Socarrás, mediante un golpe de estado, el 10 de marzo de l952. El líder de la asonada militar justifica su acción, al decir: “…. se trata de una revolución, para acabar con el desorden, la corrupción, además de aplicar nuevas leyes de beneficio popular”.

Los argumentos esgrimidos para fundamentar la revuelta castrense, no convencieron a la mayoría del pueblo. Pese al descontento reinante por la corrupción y el gangsterismo imperante en los gobiernos auténticos, había un evidente clamor en la ciudadanía, de que la solución a la problemática nacional estaba en las urnas.

Cerrado el camino a la consulta popular, la oposición a la tiranía recrudeció sus métodos de lucha. El pueblo contempló con cierta indiferencia el asalto al cuartel “Guillermón Moncada” y surgieron duras críticas a la acción, por parte de los comunistas criollos, los cuales calificaron los hechos de un push militarista.

Cuando algunos grupos de la oposición vieron la caída inevitable del régimen dictatorial, entonces oportunistamente apoyaron la acción armada. Los hombres y mujeres de este pueblo, cansados, engañados, la mayoría de las veces, les dieron las gracias al Nuevo Mesías, convertido en caudillo iluminado……. dispuesto a salvar la patria.

¡Que gran chasco! ¡Que enorme equivocación tuvieron los cubanos!, nuevamente fueron victimas de las palabras de un falso profeta. Este pregonaba a los cuatro vientos: “…. el estado es quien único sabe y quien mejor puede asignar bienes, servicios y recursos. Los enemigos son los capitalistas, contra ellos debe ir dirigida la guerra”.

Durante años, los cubanos en grupos más o menos numerosos, agrupados en organizaciones políticas de oposición, han buscado solución a la crisis. No siempre transitaron por el camino correcto, en ocasiones la Policía Política los penetró, lo que dio lugar a la cizaña y división en sus filas.

Un observador de la situación cubana llegaría a esta conclusión. El totalitarismo se mantiene en el poder, por la deficiente solidaridad internacional, la dura represión política, las posiciones a veces equivocadas no unitarias de quienes lo combaten. Que han sido obstáculos a la creación de un frente único por el cambio y la transición.

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