jueves, 3 de diciembre de 2009

NI DIVIDIDA NI SILENCIADA V, Carlos Valhuerdi Obregón.


Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 26 de noviembre del 2009 (FDC). Pablo VI, el 14 de diciembre de 1975, dijo: “Con las Iglesias Ortodoxas, esta comunión es tan profunda que falta muy poco, para que alcance la plenitud que haría posible una celebración común de la Eucaristía del Señor. Las Iglesias orientales que no están en plena comunión con la Iglesia católica celebran la Eucaristía con gran amor…”

Expresó además: “… estas Iglesias aunque separadas, tienen verdaderos sacramentos y sobre todo, en virtud de la sucesión apostólica, el sacerdocio y la Eucaristía”. Se creó además una comisión mixta de estudio teológico-doctrinal, el mayor obstáculo para la deseada unidad, es el dogma de la infalibilidad papal. Juan Pablo II, también mostró acercamiento a Demetrios I.

El Papa y Patriarca de Occidente, en 1979, visitó al Patriarca Ortodoxo Griego en el Fanar, Estambul, Turquía, este a su vez viajó al Vaticano, en 1987, donde se realizaron históricas entrevistas con vistas a la añorada unidad de la Iglesia. Se aseguró asimismo la continuidad de los estudios, que realizan las comisiones mixtas de ambas denominaciones, creadas con ese fin.

“Todo esto hace que se unan aún más a nosotros con vínculos estrechísimo. Una comunión, “in sacris”, por tanto en la “Eucaristía, no solamente es posible sino que se aconseja en circunstancias oportunas y aprobándolo la autoridad eclesiástica”, afirmó PabloVI. No se entiende entonces, unas expresiones displicentes, que algunos recién llegados han tenido para con los católicos.

Por eso hermanos, ojos abiertos no quieran dividirlos a ustedes y fundar Iglesias ortodoxas nacionalistas o ponerlos en contra de la Iglesia católica de tradición tan antigua en Cuba. “Amémonos unos a otros, como Cristo nos amó” (Ef. 5,2). Que se mantenga encendida la fe, la esperanza y el amor, es el deseo de la membresía de las tres formas litúrgicas.

La Iglesia cubana para cumplir su profetismo se guía por las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia y para defender al pueblo de Dios, que peregrina en esta isla, ha fundado “La Comisión Justicia y Paz”, en franca referencia al Salmo 85. Confían los fieles, que la iglesia sabe porque ha silenciado y a veces suavizado su reclamo, si sabe, que no puede haber justicia sin paz.

Con voces tan preclaras como las de los monseñores Emilio Aranguren, Pedro Meurice Estiú. José Ciro González Bacallao con su revista Vitral y hasta la del cardenal Jaime Lucas Ortega Alamino. Cuando solo era Arzobispo de La Habana, en la celebración de la Misa Crismal, del 10 de abril 1993, dejó inquietos a los fieles que lo escuchaban, al no entender sus palabras.

Expresó: “Existe una discreción política que la Iglesia impone a los pastores y que aparece en el canon 287 # 2 del Derecho Canónico actual…esto no es una prohibición abusiva ni tampoco un privilegio. Se trata de poner la sola Palabra de Dios en el centro de la vida eclesial. Medida con la que todos debemos medirnos y ser juzgados”.

Al expresar: “Podrá darse el caso en que una cierta opción temporal aparezca incompatible con lo que proclama nuestra fe, pero esto no significa que la elección contraria coincida necesariamente con el absoluto de Dios. El pastor de Iglesia salva la unidad de la fe, si tiene una preocupación continua para distinguir lo contingente de lo absoluto”. Esto dejó atónitos a los presentes.

El padre Jesús Garmilla, al hacer un análisis de la realidad cubana planteó: “Lo cierto es que no siempre la Iglesia, y los hombres de la Iglesia, estuvieron –en onda evangélica- a lo largo de nuestra historia patria……. nada de lo que haga la Iglesia se pierde en la noche de los tiempos. De ahí nuestra responsabilidad histórica que no podemos soslayar en el momento actual”.

Al recordar las palabras del Santo Padre dirigidas a los nuevos Cardenales en el consistorio, de 1991, donde les decía: “Reciban el birrete rojo…que simboliza que ustedes deben mostrarse valerosos hasta derramar su sangre”. Y no hay mayor amor, que aquel que da la vida por sus amigos, según dijo Jesucristo (Jn 15,13).

Seguidamente el Papa les dijo: “…. cada uno de ustedes debe estar dispuesto a comportarse con indómita fortaleza para el crecimiento de la fe, para el servicio del pueblo cristiano, por la libertad y por la expansión de la Iglesia”. Pedía Monseñor Jaime Ortega que Dios y la Virgen le ayudaran a ser fiel a esas palabras dichas por el sucesor de San Pedro.

En el Segundo Encuentro Nacional Eclesial, el Cardenal Jaime Ortega, como presidente de la Conferencia Episcopal, hace un llamamiento a la reconciliación y la paz, cuando en carta, del 12 de marzo de 1996, expresó: “Queremos fijar nuestra mirada como Iglesia en dos hechos dolorosos que gravitaron sobre todos y cada uno de los participantes en nuestro Encuentro”.

Disgustado continuó: “la no autorización de la reunión que se habían propuesto los diversos grupos de distinto pensamiento político integrados en Concilio Cubano, con la subsiguiente detención o prisión de muchos de sus participantes, y el derribo de dos pequeños aviones procedentes de Estados Unidos, más lamentable aún, por la muerte de sus cuatro ocupantes”.

El Cardenal Jaime Ortega, ante la Conferencia Episcopal y en representación de los Obispos de Cuba, llamó: “…. a la moderación y a la cordura”. Y también agregó: “…. esta conferencia deplora lo acontecido con la frustrada reunión de Concilio Cubano y sus participantes, ya que como pastores de la Iglesia, no cesamos de proponer la concertación y el diálogo”.

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