jueves, 3 de diciembre de 2009

MARTA ABREU, Rafael Pérez González.


Parroquia, Santa Clara, Villa Clara, 26 de noviembre del 2009 (FDC). “El hombre vanidoso mira su nombre; y el hombre honrado a la Patria”, así interpretó Marta Abreu aquel pensamiento martiano y lo hizo una guía en su deambular por la vida. Rehusó siempre el agasajo y con el espíritu del Apóstol como guía, no miró a la patria como medio de satisfacer su vanidad, sino para servirla.

De cuna rica, desde temprano fue dada a desprenderse de lo material en ayuda del prójimo. Vivificante es la anécdota, cuando niña aún, en más de una oportunidad en sus visitas al ingenio “Dos Hermanas”, durante sus escapadas a los barracones y ante la desnudez de alguna pequeña esclava, se despojaba de su propio vestido para darlo a la necesitada.

Quizás estas pequeñas obras de caridad fuesen la simiente, que germinó en su espíritu, para llevar a cabo una obra patriótica, que le otorga un sitial de honor en la historia local. Marta sufría las limitaciones de la época y se expresaba así en familia: ¡Es necesaria la libertad de decir y hacer!, ¡Ya se impuso en Francia por la violencia! Exclamaba en sus arranques de justicia social.

Fue testigo en su hogar de acciones patrióticas como la de su padre, Don Pedro González Abreu, al responder afirmativamente a una carta de los alzados en San Gil, que solicitaban su autorización para sacrificar varias reses. La marcha de la revolución y los bárbaros fusilamientos, de noviembre de 1871, marcaron una huella indeleble en su alma.

Con el doctor Luís Estévez Romero, selló un binomio a favor de la independencia de Cuba. El matrimonio no fue bien visto por sus padres. Era él, un abogado sin fortuna, más joven que Marta y tenia una madre que atender, por ello quizás no sería lo mejor para ella. Pero primó el amor y la boda se celebró, el 16 de mayo de 1874, sin sus padres presentes.

A los 37 años, heredó una gran fortuna, junto con sus dos hermanas, que le permitiría comenzar la obra de su vida en beneficio de la patria. El homenaje que le ofrecieron sus coterráneos, en febrero de 1895, fue interpretado, por el gobierno español, como dirigido a celebrar el levantamiento de Baire y el 15 de junio, tuvo que emigrar junto a su esposo hacia Francia.

Ramón Emeterio Betances, que era a la sazón, el Agente General allí nombrado por el Consejo de Gobierno de la Revolución, estableció relaciones con los esposos, para llevar a cabo con ellos una labor digna de ser conocida por todos los cubanos. Gozó además Doña Marta de la confianza plena del delegado Tomás Estrada Palma y otros cubanos dedicados a la causa de su nación.

Famosa es la anécdota, cuando el general Cabrera gestionaba armas para una expedición y en conversación con ella, sentenció: “Con 1000 rifles se resuelve el problema cubano, ¿Cuánto valen 1000 rifles? -inquirió ella- 10, 000 pesos-, contestó el general, pues cuente con ellos- afirmó Marta decidida”.

Al conocer la muerte de Antonio Maceo, dirigió una misiva a Estrada Palma, donde pone de relieve su devoción por la causa, cuando le dice: “No es de almas bien templadas desfallecer ante un golpe de fortuna, sino antes cobrar bríos para llevar adelante sin flaquezas, la magna empresa acometida” y puso a disposición de la causa cubana otros 10,000 pesos.

En diciembre de 1896, envió una misiva a Don Tomás, en la cual le ofreció un donativo de 30,000 pesos. Este le respondió: “No quiero perturbar nuestra purísima satisfacción por el desprendimiento sublime, pero no me es dable señora, en la emoción que trato de reprimir, contener la gratitud que se desborda, como si emanase del corazón de todo el pueblo cubano”.

Sus contribuciones no fueron solamente para la lucha armada directamente. Ella estaba al tanto de todo y ayudó a los prisioneros y deportados, atendía además a los gastos de la representación cubana en París, pagaba pasajes, estancias a los escapados de las prisiones españolas y a cuantos quisieran luchar por la causa de Cuba.

Máximas martianas rezan: “La patria necesita sacrificios”… Marta se sacrificó por ella, “La patria es ara y no pedestal”… ella siempre se hincó a sus pies, “A la patria se la sirve, pero no se le toma para servirse de ella”… ella siempre la sirvió. Su amor por Cuba fue siempre su obsesión, el cual dejó estela en el cielo patrio. Lástima que hoy, su altruismo sea poco divulgado.

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