jueves, 3 de diciembre de 2009

EL MURO DE BERLÍN, RUINA DE UNA ILUSIÓN, Joaquín Cabezas De León.

La Ceiba, Camajuaní, Villa Clara, 19 de noviembre 2009 (FDC). El 9 de noviembre de 1989, los ciudadanos de la República Democrática Alemana (RDA) recibían la noticia, de la apertura en la frontera con Berlín Occidental y la República Federal Alemana (RFA). Esa misma noche miles de personas pasaban al lado occidental por el Muro de Berlín.

Adam Michnik, disidente y periodista polaco había manifestado, que el comunismo era una ilusión porque: “se creyó que había descifrado el significado oculto y la finalidad de la historia”. Ese intento de ingeniería social de construir un paraíso terrenal terminó por negar al hombre y convertir a la sociedad en un grotesco Gulag.

Una de las ambiciones del comunismo era presentarse como el fin de la historia de la humanidad y un sentido histórico inevitable, una visión mesiánica de redimir el universo y al hombre con la nueva esclavitud. Su frustración fue rotunda, los ideales liberales que aspiró a destruir y remplazar, sobrevivieron en las naciones donde el “socialismo real” fracasó.

Está relacionado el ocaso del comunismo en su aspecto filosófico, a la negación de los valores de la modernidad, como la propiedad privada, el mercado, los derechos del hombre y las instituciones de la democracia liberal. Si bien no podemos entender la historia como Francis Fukuyama, la idea de otra sociedad alternativa es inevitablemente una utopía.

Cuando Mijaíl Gorbachov, último secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), lanzó su política de Perestroika y Glasnost, su propósito era reformar al régimen para que rejuveneciera y renovara. Su intención no era traicionar al sistema ni destruirlo, lo que no sospechaba Gorbachov, era que el poder soviético no era reformable.

Este cuando suprimió en la sociedad soviética el terror y el miedo político, comenzó a diluirse el principio de la obediencia al partido único y al estado, el ciudadano recobró su autoestima. El bolchevismo es compatible con el nacionalismo, pero incompatible con la libertad política y los derechos humanos, por ser su negación.

En las naciones de Europa del Este la lucha por la verdad, se convirtió en resistencia contra el régimen comunista, porque como expresó el filosofo polaco Leszek Kolakowki: “El alma inmortal del comunismo es una mentira”. Lo sorprendente de 1989, fue que un breve periodo de tiempo sociedades petrificadas por el Marxismo-Leninismo encontraron la libertad.

El Sindicato Independiente “Solidaridad” lanzó con su lucha por la libertad, un efecto de bola de nieve en casi todas las sociedades comunistas de Europa Oriental. Estos pueblos demostraron que el socialismo de estado era una estafa y con sus revoluciones democráticas, revelaron “el poder de los sin poder”, como tituló a su famoso libro, el disidente y dramaturgo checo Václav Havel.

El significado último de la caída del Muro de Berlín es que un partido único, omnipotente, detentor de una verdad revelada, no puede secuestrar una sociedad y establecer la felicidad por decreto. Además la lección de estos hechos que debemos estar alerta: “porque la tentación totalitaria esta en el hombre”, como manifiesta Francois Furet.

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